Seguí empujándola lentamente. Su coño seguía apretado y palpitante. Si no me hubiera chupado la polla y me hubiera hecho correrme la noche anterior, no habría aguantado. —Hablaremos de esto más tarde. —dije. —Pero por ahora...— y me hundí en su coño. —Ohhhhh, papi...— gimió, envolviendo sus piernas alrededor de mis caderas. No había sentido nada igual en décadas. Su coño era de otro mundo. Apretado, cálido, palpitando a mi alrededor. Cerré los ojos y saboreé el momento. Cuando los abrí de nuevo, apenas podía creer lo que estaba sucediendo. Una sexy duendecilla pelirroja, su cuerpo sonrojado, brillante de sudor. Sus ojos cerrados y su boca abierta. Mágico. Me aparté y sus caderas me siguieron, reacia a soltar mi polla, y entonces la embestí de nuevo, provocándole un jadeo de sorpresa. E

