Jared tenía una buena razón por la cuál nunca dormía con alguien, y eso era por sus pesadillas. Bueno, más bien pesadilla, la misma que lo atormentaba desde que era un niño, gritos, golpes, sus manos teñidas de un rojo vivo. Pero cuando abrió los ojos esa mañana algo había cambiado. Se despertó con el sonido de los pájaros y la luz que invadía la habitación, su respiración era normal, no se encontraba sudando frío, no había tenido ninguna pesadilla. En cambio se encontró con algo distinto, una chica con el rostro sobre su pecho desnudo, la abrazaba y parecía muy cómoda y Jared también. Se apartó bruscamente de Yia asustándola y haciendo que despierte. —Largo. —ordenó. Yia no entendía. —¡Que te largues! —esta vez gritó, provocando que la Omega se asustara y saliera corriendo, pero an

