—¿Ingenua? —Sí, es obvio que ese hombre solo quiere acostarse contigo. —Luna sintió una punzada de dolor en su pecho, pero trató de reír, aunque su risa sonó vacía. —¿Y tú qué hiciste conmigo? —Las palabras salieron de su boca con una tristeza que apenas podía contener. —Es diferente... —Tú no lo conoces. —No lo necesito conocer, para saber que ese niño... —¡Basta! Todos son unos niños para ti, pero mírate, eres un completo inmaduro y no sabes lo que quieres. —La furia de la azabache era evidente, estaba agotada de la situación. —Fuiste tú quien me dijo que buscara a un hombre, pero mira... —extendió los brazos, frustrado. —Luna... —¡No! ¡Eres un maldito egoísta! —Lo apuntó con el dedo, su voz quebrándose al borde de las lágrimas. —¿Qué, acaso solo tú puedes estar bien y yo tengo q

