Pero sobre todo ese olor que desprendía... Tan peculiar y perfecto, como ella. Sin duda esta sería mi posesión favorita y por eso estos seis meses serían los más dolorosos y placenteros de su vida. Me moría por llegar a casa y corromper esa tan fina piel, llenándola de marcas para que todo aquel que las viera supiera que tenía un dueño. Y ese era yo. —Bueno, Ian, me encantaría quedarme y seguir platicando, pero tengo algo muy importante que hacer. —Me levanté de mi silla acomodando mi traje. —Claro, yo también tengo cosas que hacer aún. Vuelvo a Escocia mañana por la mañana, así que no puedo entretenerme mucho. —Imitó mi acción. —Me alegra volver a verte, amigo. —Le extendí mi mano y él no dudó en tomarla. —Espero que ahora sigamos en contacto y no solo por negocios. —Dalo por hecho.

