Capítulo 37

1403 Words

Yia Ya le había mostrado distintas áreas del orfanato, y ver todas las remodelaciones me tenía inmensamente feliz. Recuerdo que cuando me fui, las paredes parecían no haber sido pintadas en siglos, las goteras eran un problema constante, y los muebles estaban tan viejos que cualquier movimiento brusco podía hacerlos colapsar. En aquel entonces, el orfanato tenía toda la apariencia de una casa del terror… aunque solo en su aspecto físico. Las mujeres que nos cuidaban eran bondadosas, cálidas, siempre dispuestas a darnos amor. El estado del lugar no era por negligencia, sino porque el dinero apenas alcanzaba para pagar el derecho del terreno y asegurarnos alimento. —Está un poco vacío —escuché su voz, y me detuve. —¿A qué se refiere, mi señor? —lo miré, algo confundida. —No veo a nadie

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