El sonido de los cubiertos hacía eco en el inmenso comedor. Era un lunes por la mañana, todo parecía normal, como si la noche anterior no hubiera ocurrido nada. —¿Cómo te sientes? —Yia alzó la mirada. —Si no te encuentras bien, es mejor que te quedes. —Estoy bien, mi señor. —Bien, entonces termina tu desayuno y luego puedes irte. Recuerda que mañana tienes cita con el ginecólogo —la voz del hombre era seria. Desde que habían despertado, el magnate estaba distante con la Omega. Solo le hablaba lo necesario y evitaba cualquier tipo de contacto, tanto físico como visual. —Ya he terminado, mi señor —él hizo una seña para que retiraran los cubiertos de Yia. Yia realmente no entendía el cambio de Jared. En sus vagos recuerdos de la noche anterior, él había cuidado de ella. Por un instante

