- Es algo tarde para que vuelvas a la ciudad. Pueden pasar la noche aquí e irse por la mañana. Creo que es lo mejor. No me agrada la idea que conduzcas a esta hora – Se volvió para mirarlo, sin poder creer lo que había dicho. - ¿Lo dices en serio? – - Por supuesto. Esta casa tiene espacio de sobra – se inclinó y rozó su cuello con sus labios - ¿Qué dices? – Ella cerró los ojos. Repentinamente no era capaz de hablar. - ¿No te molesta que los niños estén aquí? – dijo al fin. - No, en lo absoluto – Se volteó, dándole la espalda para que no pudiera ver su rostro y comenzó a lavar los trastes. Su mente de pronto se había quedado en blanco, lo que la enfadaba un poco. No debía dejar que la presencia, las palabras de Salvador le afectaran tanto y aunque no quisiera reconocerlo, su c

