En la pantalla se observaba clara y nítida la sonrisa de Silvana, el resto de la habitación en penumbras. - ¿Cómo estuvo la entrevista? - - No muy bien – respondió Adriana, la barbilla apoyada en la palma de su mano – Ese lugar no me dio buena espina. Son muchas horas, el salario es bajo y estoy segura de que ni siquiera cumple con los reglamentos sanitarios – - ¿Así de mal? – - Llámame quisquillosa, pero he escuchado demasiadas historias de clínicas estéticas que funcionan de manera dudosa y no quiero involucrarme con un lugar de esos – - Bueno, no te preocupes. Ya aparecerá algo. Regresaste hace solos unos días, Adriana – - Sí, lo sé, pero no es como que haya un mercado ilimitado para enfermeras en la ciudad… Me estoy quedando sin opciones – - Nada de eso. No digas tontería

