En los días siguientes, recibió frecuentes mensajes de Javier, pero no tenía deseos de responder. Era más sencillo culpar a su atareado día en el hospital para ignorarlos y cuando estaba en casa, solo dejaba su teléfono a un lado y se olvidaba del aparato hasta que era hora de dormir y tenía que activar la alarma. Tal vez Javier lo hacía con la mejor intención, pero no podía dejar de pensar que acudía a ella únicamente porque Mónica seguía fuera del país. Costumbre o conveniencia, no le importaba la razón, debía mantener una clara distancia con Javier y no dejarse envolver por sus dulces palabras o por el cariño que tenía a los niños. Sin embargo, un par de semanas después recibió un mensaje que la alarmó. “Necesito tu ayuda. Realmente no quiero molestar, pero no sé a quién más acudi

