Matías se separó jadeante de mis labios. Estaba mareada por la intensidad de nuestro contacto. Me repuse rápidamente al procesar las palabras de Erika. -¡Maldición!- Exclamó mi novio.- Se supone que no llegaba hasta la madrugada.- Se volvió hacia la puerta y me ubicó tras él. Parecía que estaba esperando a que se abriera de un momento a otro. Pues no pasó, entonces lo encaré. -Hey, no pasa nada. No hay problema. Cuando estoy contigo soy lo suficientemente fuerte para enfrentarlo.- Confesé sabiendo que era la mayor cursilería que había dicho en mi vida. Matías miró la puerta, nervioso y tenso. Sujeté su rostro para que me mirara.- Cariño, estoy bien.- Lo besé.- Todo está bien. Ahora bajemos. Me dirigi hacia la puerta, pero él me sujetó del brazo y me acercó a su cuerpo. -Eres jodidament

