III

1291 Words
Nina se despertó exhausta, el sueño no había mejorado su ánimo en absoluto, por el contrario, el sueño perturbado la había dejado aún más cansada y con el cuerpo dolorido. A pesar de no quererlo, se obligó a ir a desayunar, necesitaba mantener las fuerzas para lo que fuera que la esperara después de la boda. Sus ojos estaban hinchados y la madre superiora la miró con visible compasión en cuanto entró en el comedor. Probablemente la madre sabía de su destino, tal vez conocía a su prometido más de lo que ella misma lo conocía. Después del desayuno, Nina fue al gimnasio, su objetivo era ejercitar el cuerpo para que el cansancio la venciera y pudiera dormir durante la tarde, necesitaba encontrar alguna manera de dormir, si no, se agotaría hasta la fecha de la boda. Pero el miedo era su compañía constante, y dormir se volvía cada día más difícil. Su padre no había llamado en todos esos días, sospechaba que no tenía el valor de enfrentarla después de la locura que había cometido, siendo que la única que pagaría por sus delitos sería ella. A pesar de la desesperación en su mirada, quien sería obligada a satisfacer sexualmente a un hombre, sería solo ella. Someterse a actos que consideraba repugnantes... Ni siquiera tuvo el valor de preguntar a su padre la edad de su futuro marido, solo sabía que era considerablemente mayor. Rezaba para que el hombre no fuera un viejo desagradable que se bañara solo algunos días a la semana. Ser tocada por un desconocido era humillante, pero ser usada por una persona con pésimos hábitos de higiene era aún peor. Los hombres no imaginaban cómo la vida de la población femenina muchas veces era incierta y llena de dolor. El sexo debería ser solo consensuado, los maridos no deberían tener derecho a forzar a sus mujeres, pero los hombres de la mafia podían todo, nadie interfería en cómo se trataba a las mujeres, ni siquiera los padres podían salvar a una hija de un hogar violento. Los casos de jóvenes casadas con hombres que les doblaban la edad eran recurrentes y la mayoría de las veces vivían llenas de hematomas por el cuerpo y con vientres cargando hijos que eran fruto de la violencia cometida por los maridos. Nina no deseaba sumergirse en tales pensamientos, pero era imposible que no sucediera. Después de otra noche mal dormida y con pesadillas crueles, Nina se despertó decidida a burlar la seguridad del convento e ir a una clínica, necesitaba consultar a un ginecólogo, deseaba tener un método anticonceptivo antes de la realización del matrimonio. Estaba decidida a al menos gobernar esa etapa en su vida, se iba a casar, pero se negaba a tener un niño no deseado. Tenía algo de dinero guardado en su armario, sería suficiente para un taxi y para el pago de la consulta. Así pasó dos días esperando la oportunidad perfecta para salir sin ser vista, tomó el taxi y le suplicó a la conductora que la esperara, así no corría el riesgo de verse obligada a tomar un coche conducido por un hombre. Pagó la consulta con dinero, pues sabía que si usaba la tarjeta que le había dado su futuro marido, él descubriría lo que había estado haciendo y las cosas podrían terminar mal. Afortunadamente consiguió una ginecóloga a pesar de que la consulta no estaba programada, después de mucha conversación se decidió que usaría un implante subcutáneo, necesitó gastar todo el dinero que tenía para eso, pero estaba feliz, ahora se sentía un poco dueña de su cuerpo. El pequeño implante que le impediría ovular por un período de tres años, sabía que podía usar preservativo, pero no se arriesgaría, si él se negaba a usarlo y la obligaba a tener relaciones de todos modos, al menos estaría segura en relación al embarazo. Cuando se detuvo en la puerta del convento ya había pasado la hora del almuerzo, esperaba que nadie hubiera notado su ausencia por tanto tiempo, nunca había hecho nada parecido, pero el motivo de su fuga era justificable. Entró y después de guardar la pequeña bolsa que había traído, se cambió de ropa y fue en busca de algo para comer en la cocina. Usó la excusa de que había dormido y perdido la hora del almuerzo, esperaba que esa excusa sirviera. Alimentada, fue a practicar ejercicios físicos. Estaba leyendo un libro cuando llegaron las cosas que pidió por internet, decidió abrir cada una de ellas y organizarlas en las maletas. Era ropa bonita, simples, pero de muy buena calidad. Nina estuvo en esta actividad por casi dos horas. Cuando terminó decidió tomar un baño y lavar su cabello, era liso, pero tardaba horas en secarse y ahora que estaba creciendo nuevamente, no era fácil desenredarlo. Estaba sola y acostada en su cama, cuando llamaron a la puerta. Una vez más era la madre superiora, la señora con quien ya había pasado largos períodos conversando, le sonrió, pero su sonrisa no era de felicidad. —Madre, ¿ha pasado algo? —Tu padre, está afuera con dos hombres, y vino a buscarte, necesitas arreglar tus cosas. El corazón de Nina falló un latido, ¿sería posible que uno de esos hombres fuera su futuro marido? Sus ojos se llenaron de lágrimas sin siquiera darse cuenta. La madre sostuvo sus manos. —Sé, querida niña, que no es por tu voluntad que te casas. Generalmente las chicas que salen de aquí con tal destino nunca lo hacen por libre y espontánea voluntad, pero tú, Nina, eres una de las chicas más inteligentes que ha pasado por aquí, úsala para salir bien, sé que es mucho pedir ser feliz, pero lucha para que no seas maltratada. —¿Usted lo conoce, sabe quién es? —Lo único que puedo decirte es que necesitarás ser fuerte para enfrentarlo. Tres empleadas ayudaron con las maletas, cuando se encontró con su padre abajo, Nina buscó en la fisonomía de los hombres que lo acompañaban características que indicaran que uno de ellos era su prometido, pero no había ninguna y suspiró aliviada por eso, sabía que no podía huir toda la vida, pero estaba agradecida por poder posponer el encuentro. Había un pequeño minibús donde todo fue guardado antes de partir, hicieron todo el trayecto en un absoluto silencio. Nina no se atrevía a decir una sola palabra, pues sabía que aquellos hombres estaban allí para vigilarlos. Después de 3 horas de viaje, Nina pudo visualizar la calle en la que creció, su corazón se encogió, pronto esa calle se convertiría en un vago recuerdo de la época en que realmente era feliz y vivía feliz en la simplicidad infantil. Cuando entró en casa se desplomó en el sofá, estaba mentalmente cansada, su padre se acercó a ella. —Mi niña, se acerca el momento, y vas a necesitar ser fuerte. —¿Quiénes son esos hombres, papá? —Soldados de confianza del jefe, él quiere asegurarse de que no vamos a huir. —Nadie huye de la mafia. —Pero algunos lo intentan. —¿Ya han marcado la fecha del matrimonio? —Sí. Él suspiró pausadamente. —¿Cuándo? —Dentro de 8 días. Intenté posponerlo para el próximo mes, pero no lo conseguí. —No serviría para nada, solo aumentaría la angustia, y aún tendría que casarme. Nina notó que su padre escondía algo. Pensó en preguntar, pero estaba lo suficientemente asustada, las informaciones podrían esperar. En ese momento, Nina decidió subir a su antigua habitación y organizar algunas prendas de ropa, si se quedaría en casa solo unos días no necesitaba deshacer las maletas, pero en realidad su deseo era encerrarse en su habitación y no salir nunca más.
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