V

1120 Words
Después de la crisis de llanto, Nina se quedó sentada en el mismo lugar, intentando decidir qué era menos humillante, hacerse una prueba de virginidad o exámenes prenupciales, lo que significaba también hacerse pruebas de ETS. No sabía cómo actuar, estaba en un callejón sin salida, si no realizaba ninguno de los dos exámenes, su padre acabaría muerto y ella sin hogar, sin ingresos y sin ninguna profesión para sobrevivir. Era inteligente, pero sabía que muchas veces solo la inteligencia no bastaba para vivir con dignidad, más aún siendo mujer y perseguida por la mafia. Su vida sería un infierno. Su inteligencia definitivamente no la salvaría. Así que subió al cuarto, se puso un conjunto de pantalón de sastrería, se recogió el cabello y bajó a la sala, necesitaba resolver esa situación pronto, la boda estaba cerca y no podía darse el lujo de ser rechazada. Nina sonrió entre lágrimas, como si quisiera ser su esposa, pero no tenía otra opción, no en ese momento. Se puso los tacones que estaban cerca de la puerta y salió, había un guardaespaldas en la puerta, que por cierto también era enorme. —¿Va a salir, señora? —Sí, pero no necesita acompañarme. —Lo siento, pero necesito ir con usted a donde quiera que vaya, son órdenes de mi jefe. —No estoy casada, al menos no todavía, es señorita, y puede dejar que después me entiendo con mi padre. —Su padre no es mi jefe, lo siento, pero las órdenes que recibí fueron esas, incluso la manera en que debo dirigirme a usted, no como señorita, sino como señora. Solo puedo permitir que salga si la acompaño. Pensó en preguntar el nombre de su jefe, pero ya era demasiado humillante todo lo que estaba pasando, nadie más necesitaba saber de su vergüenza, iba a casarse y no sabía el nombre de su prometido, si contara a personas de fuera dirían que estaba loca y con toda razón. Nina suspiró resignada, no podía luchar contra él, lo que le quedaba era obedecer, así que entró en el coche que el guardaespaldas ofreció y dio la dirección de la clínica, ni siquiera conocía el lugar, pero necesitaba ir allí le gustara o no todo aquello. Era por la vida de su padre, pero también por la suya, solo esperaba que después del matrimonio no deseara la muerte. Sabía que algunas mujeres preferían la muerte a continuar casadas, tanto que algunas cometían s******o para huir de los maridos, acabando así con años de violencia física y violaciones. Cuando llegó a la clínica, en la recepción entregó su documento a la recepcionista, se sintió aliviada al saber por ella que solo había empleadas allí, ningún hombre cerca, excepto su guardaespaldas. Pasó por la consulta con las mejillas ruborizadas, nunca había estado tan expuesta a otra persona así, con la otra ginecóloga fue solo la conversación y el implante. Realizó varios exámenes y al final no tuvo que pagar nada, todo estaba pagado. Salió de la clínica que desbordaba riqueza sintiéndose íntimamente invadida. Nunca más deseaba pasar por eso, era incómodo ser tocada por otra persona de esa forma, se sentó en el coche y una vez más lloró, el guardaespaldas notó su incomodidad, pero no dijo nada. Tampoco nada que alguien dijera podría mejorar su estado de ánimo. Cuando llegó a casa su padre aún estaba fuera, y dio gracias a Dios por eso, no deseaba un interrogatorio, y tenía miedo de atacarlo con palabras. Sabía que a veces los actos se hacían sin pensar en las consecuencias futuras, pero ahora pagaría por ese error que su padre había cometido, y estaba realmente asustada. El hombre que sería su marido era controlador y ella parecería un ratoncito asustado cerca de él. Subió al cuarto, estaba cansada mentalmente, sabía que las mujeres hacían ese tipo de examen, para muchas era rutina, pero Nina se había sentido tan mal, que no sabía qué hacer con tal sentimiento. Nunca se había sentido tan humillada. Si ella al menos ya hubiera tenido relaciones sexuales con algún hombre, entendería la preocupación de su futuro marido, tampoco le gustaría estar con alguien que hubiera tenido relaciones sexuales con varias parejas, pero no era su caso, aunque sea un pensamiento retrógrado. Era demasiado para ella, nunca comprendió cómo una persona puede cambiar de pareja como quien cambia de ropa. Nina imaginaba que en su matrimonio la peor parte sería tener que tener relaciones sexuales con su marido, sin amor, sin deseo, solo por obligación o para no ser agredida. Creía que si mantenía la calma podría pasar los últimos días en paz y tranquilidad, pero el miedo comenzaba a dominarla desde la cabeza hasta los pies. Si al menos pudiera hablar con él, saber qué clase de hombre era, preguntar qué esperaba de esta unión. Le gustaría verlo antes de la boda y, si fuera posible, salir al menos a cenar. Pero nada de eso fue posible y el miedo a lo desconocido la estaba haciendo paranoica, incluso los ruidos nocturnos la hacían sobresaltarse, parecía que sería atacada en cualquier momento, así que muchas veces se despertaba durante la madrugada y ya no volvía a dormir. Cuando finalmente reunió fuerzas para levantarse de la cama donde se había refugiado, encontró a su padre en la cocina, estaba preparando la cena. De repente, Nina se dio cuenta de que no sabía cocinar ni un huevo, había recibido clases en el convento, pero le parecían tan aburridas que se escapaba cada vez que podía. Cuando no era posible escapar, se unía a su amiga Ella, que a su vez era excelente en la cocina. Ella hacía todo y Nina solo fingía participar. —Papá, no sé cocinar, nada. —¿En el convento no tenías clases? —Sí, pero siempre me escapaba o encontraba alguna manera de no cocinar. Tengo miedo, quizás eso sea fundamental para que me traten bien. Tengo miedo, papá, y si él resulta ser malo. ¿Qué haré? Su padre la abrazó, —Sé que tienes miedo, yo también tengo miedo, nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Eres mi niña, no quería entregarte así. Pero no tengo salida, ¿puedes perdonarme, querida? —Está bien, papá, sé que no lo hiciste por mal, a veces las cosas terminan bien y terminamos riéndonos de toda esta situación. —Sí, querida. Hice una lasaña, ¿te apetece un trozo con un jugo de naranja? —Me parece genial. ¿Hay postre? —Pastel de chocolate con helado. Nina comió. Se concentró en el plato frente a ella y buscó calmar su corazón, era lo único que podía hacer. Su destino estaba trazado y no podía huir de él.
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