Después de la caminata, ella se recostó en el banco para tomar sol. Tenía los ojos cerrados cuando escuchó el ruido de cascos de caballo, se asustó y se puso de pie de un salto, respiró aliviada al ver que era su marido, con el cabello suelto y la camisa abierta, parecía un hombre sin ley que vivía según sus propias reglas. Pensó que la sensación de acariciar su cabello y barba sería buena. Él se detuvo cerca y le dio una sonrisa, sonreía pocas veces. —¿Quieres conocer la cascada? —Quiero. —Pero hay una condición, cariño, que cabalgues conmigo. Era demasiado íntimo, él tenía una expresión divertida, y a ella le gustó ese momento con él. Tomó la mano extendida y subió al caballo con él, como estaba detrás, pudo tocar su cabello, aunque era más baja que él, al no obtener ninguna reacci

