Cuando ella llegó al cuarto, él estaba con cara de disgusto. —Pensé que te iba a perder a manos de la mujer de mi hermano. —¿Estás celoso de Helena? —Me dejaste subir solo para quedarte con ella. —Debería dejarte dormir solo toda la noche, no he olvidado la ofensa que me hiciste y no te perdonaré tan fácilmente por eso. Ya te dije que no soy una cualquiera, no pienses que voy a aceptar ser tratada como tal, la próxima vez recogeré mis cosas y me mudaré de cuarto. No puedo dejarte, pero puedo evitar que me toques por el resto de nuestras vidas. —No te gusta dormir sola, tienes miedo. —Pero prefiero el miedo de la noche que ser herida de esta manera. ¿Cómo te atreviste a insinuar que me gustó el acoso de ese hombre? —Perdón, perdí la cabeza, juro que eso no volverá a pasar. Ven a acos

