Marco no dijo nada, pero se dio cuenta de que Laura evitaba al máximo ser sorprendida en el cuarto por él. Durante el día se escondía por la casa, a veces se encerraba en el invernadero, en otros momentos estaba en la cocina o incluso en el establo. Todo esto para evitar un contacto físico posible. Después de la cena, la encontró acurrucada en el invernadero. —Vamos a la cama. —¿Qué va a pasar? —¿Tienes miedo? —Aterrorizada. Lo siento. —Ven conmigo, no voy a hacerte daño. La tomó en brazos y notó el temblor, su mujer estaba asustada y él no sabía qué hacer para calmarla, no era bueno con las palabras románticas, en realidad nunca había necesitado eso. Las relaciones anteriores eran sin promesas y mucho menos sentimientos. Ahora estaba con la mujer que quería de todas las maneras pos

