Nina estaba acostada en la cama del hospital. La televisión estaba encendida en un canal cualquiera y Henrique resolvía asuntos por el celular. Cuando llamaron a la puerta, Nina pensó que era una enfermera y continuó como estaba, pero se asustó al ver entrar a dos policías. La mirada de Henrique cayó sobre sus muslos descubiertos y ella entendió el mensaje de inmediato. Se cubrió con la manta. —Buenas noches. Henrique no respondió. Guardó el celular y se sentó cerca de su mujer, su niña estaba temblando. —Está todo bien, tranquila —susurró en su oído. —¿Podemos hablar con la señorita a solas? —Es señora, ella es mi esposa. —¿Qué quieren? Fue el turno de Nina de preguntar. —Sería mejor si conversáramos sin la presencia de su marido. —No voy a salir. Nina lo sintió tenso a su lado

