Cuando Ella bajó las escaleras, encontró a una mujer delgada, casi como esas modelos que parecen no comer nada, con cabello corto y un rostro delicado. En el perchero, estaban colgados cinco vestidos de novia, todos blancos y de encaje. —Un placer, señorita Garcia. Soy Fernanda. —Un placer. A Ella le gustaron los modelos de los vestidos, pero le intrigó que solo hubiera traído cinco opciones, todas con cortes sofisticados, pero nada extravagantes. —¿Cómo trajiste estos vestidos sin saber lo que me gusta? —Su prometido me dijo que debía ser algo apropiado para una joven que fue criada en un convento, pero también que valorara su cuerpo de manera bonita, pero sin ser visible para los presentes en la boda. Describió más o menos sus medidas y altura, y el resultado son estos vestidos que

