El GPS del celular lo llevó a una casa antigua. Estefano era grande, pero tenía la agilidad conferida por su sangre indígena y por el intenso entrenamiento realizado. Caminó por el terreno con los oídos atentos, en la ventana avistó al hombre que era su suegro, el anciano Samuel estaba de espaldas. Helena estaba cerca de la pared con lágrimas en los ojos, había un niño de 7 u 8 años abrazado a su mujer. El niño era un indígena en todos los sentidos, el cabello, el porte. Estefano caminó en busca de una entrada segura, si su mujer estuviera herida, olvidaría que el hombre allí dentro tenía la sangre de Helena y del hijo que ella llevaba en el vientre. Había un agujero en la pared por el cual pasó, se quitó los zapatos para que su aproximación no fuera percibida, necesitaba sangre fría p

