Laura se acercó, temblaba levemente. Esta era la tercera vez que estaba cerca de un arma, primero fue en la noche del ataque, segundo, con Pedro y los guardias de Helena. Y ahora con Marco. —¿Andas armado? —Siempre. Nunca lo había notado, era bueno disimulando. —¿Tienes enemigos? —Tengo, pero ninguno que busque un enfrentamiento directo, ando armado porque me acostumbré y en algún momento puede ser útil. —Además del hombre que me atacó, ¿ya mataste a alguien más? —Baby, ¿realmente quieres saber? —Sí, no quiero que me engañes. —Ya, ningún inocente o alguien que no tuviera condiciones de responder, no ando por ahí haciéndome el justiciero, sé que la vida no es justa. —¿Qué haces? —Además del rancho, contrabando de carga pesada, no me preguntes qué es, no voy a responder. Las armas

