Xavier la miró con seriedad. —¿Eso quiere decir que, si te llevara a la habitación ahora, no me impedirías ir hasta el final? —No, no te impediría. —Ella estaba temblando, pero estaba dispuesta a consumar el matrimonio. —Sabes que, en el momento en que esté dentro de ti, no podré parar, ¿verdad? Hace mucho que no toco a una mujer, y te he deseado desde hace tanto tiempo. —Prometo que no pediré que te detengas. Ya es hora de que vivamos un matrimonio real. Xavier se levantó, aun sosteniéndola en sus brazos, y la llevó a la habitación. Cuando la acostó en la cama, Ella no pudo negar que su deseo era huir, pero sabía que eso afectaría la relación y la confianza de él. Aunque intentaba controlarse, Xavier percibió su miedo. —Vamos despacio. Mírame, Ella. Sabes que no te lastimaría intenc

