Ella se despertó con un peso encima de ella. Al principio, pensó que era Ricardo, pero pronto se dio cuenta de que no, pues él nunca la había abrazado de esa manera. De repente, los recuerdos de la noche anterior volvieron, y entendió que el calor del cuerpo sobre el suyo era de su marido. Ahora, ella era la señora Ella Xavier. Intentó permanecer inmóvil para no despertarlo. —Sé que estás despierta, Ella. Deja de hacerte. —No quería despertarte. —En el instante en que tu respiración cambió, me desperté. Tengo el sueño ligero, no lo olvides. El tono de él era una amenaza, recordándole que no estaba allí por voluntad propia y que aún podría ser forzada a entregarse. Ella comenzó a luchar para que él la soltara, pero sus movimientos no lo incomodaron. —Quédate quieta, eso solo me excita,

