Ella observó a Xavier comer papas fritas mientras se acomodaba en el sofá. El reloj marcaba las 22:00 horas, y la música de fondo llegaba a su fin. Decidió recoger las botas que había dejado en la alfombra y guardarlas en el clóset. Escogió un camisón largo para dormir. Aún no sabía si algún día sería capaz de usar los camisones cortos o transparentes de su ajuar. La vergüenza aún la dominaba, y el miedo de que algo provocador pudiera encender el deseo de él la aterrorizaba. Fue al baño, se cepilló los dientes y se preparó para ducharse. Cuando estaba a punto de cerrar con llave la puerta, recordó la advertencia de Xavier sobre las puertas cerradas. Se sintió dividida: si la dejaba abierta, podría parecer una invitación, pero si la cerraba, él podría molestarse, y ella quería que el ambi

