De uno a uno, en medio de la oscuridad de la habitación que compartía con Karina, los recuerdos de lo vivenciado ese extraño día llegaban a su mente y la acaparaban por completo. Comenzó a divagar en que todo estuvo muy fuera de lugar y siempre tenía que ver con la Doncella del retrato. Abel se recordó caminando por la ciudad luego de su primera jornada de trabajo. Los rayos del sol de mediodía golpeaban cada fracción de piel al descubierto sobre todo su rostro, su traje de negocios lo cubría en cierta manera, pero no le importaba la sensación ardiente del astro celeste que se intensificaba a cada paso. Caminó por tiempo indefinido con el cuadro entre sus manos -que envolvió con cuidado en una bolsa-, sentía que casi iba en círculos por esas estrechas calles de una colonia que parecía ol

