Karina debía admitir que, aunque Abel se había llevado ese condenado cuadro y eso la hizo sentir mucho más tranquila de alguna manera, aun se sentía fuera de lugar en esa gran casa, a pesar de tener todas las comodidades que su prometido le había dejado, demostrando así lo mucho que se preocupaba por ella y su recuperación. Luego de beber un poco de agua, volvió al sofá y pasó el siguiente par de horas descansando su dolorido cuerpo y leyendo algunos de sus libros de psicología hasta quedarse profundamente dormida. La intención de llamar a su familia se había ido por la borda en ese momento en que su cuerpo le pedía descanso. Karina perdió la noción del tiempo por un momento al menos mientras dormía con sueño pesado, pero ese tiempo de tranquilidad fue interrumpido por algo que oprimió

