Terminamos de cenar y cuando pasan a retirar nuestros platos, Damien me señala el asiento a mi lado como una indirecta para que le dé permiso, le hago espacio y dejo que se siente al tiempo que mis manos comienzan a sudar por su cercanía. —¿Cuánto dura el viaje? —pregunto en un intento por mantener a raya mis nervios. —Solo dura ocho horas Ana. —¿O-ocho horas? —inquiero con la voz entrecortada, «es seguro que Ben me montará una escena en cuanto llegué». —¿Te arrepientes? —responde con otra pregunta, acercándose a mí y dejándome literalmente encerrada entre la ventanilla y su cuerpo. —N-no, es solo que no pensé que duraría tanto. —Me parece que no es tan largo el trayecto, por el contrario, se me hará corto a tu lado —murmura acercando su rostro al mío y cuando creo que dejará un beso

