Benedikt Salgo corriendo del departamento de la maldita mujer que me ha traicionado y cuando estoy en mi camioneta intento comunicarme con Ana, insisto por lo menos unas seis veces, sin embargo, en ningún momento me toma la llamada. Desesperado y sin saber a quién más recurrir, decido hablar con la última persona que alguna vez llegue a imaginar. —¡Hola! —responde la voz del otro lado. —Soy Benedikt. Necesito de tu ayuda. —¿Ana está bien? —inquiere al instante. —No, no está bien y es sobre ella que… —¿Qué pasa con ella? —El General Kazakov ya sabe dónde se encuentra Ana y es muy posible que también lo sepa… —¿Cómo que ya lo saben? ¿Cómo ocurrió? Se supone que nadie tenía conocimiento de su verdadera identidad y yo no he dicho nada. —Con un demonio déjame continuar, —vocifero con

