6

1490 Words
6 Melody Werner. —¡Te odio y quiero que te mueras! —vocifera, se ha desgañitado gritando durante los últimos tediosos extensos minutos. Cuando termine, le dolerá tanto la garganta que quedará ronco. El iracundo hombre sin control. Bostezo adormilada extrañando la cafeína, no puedo creer que tendré que vivir nueve meses sin ingerir café. No poder tomar del líquido mágico que me avispa cada amanecer debería ser considerado una tortura griega. —¡Yo también te odio, te detesto hasta los huesos, te voy a quitar hasta el aire que respiras! —grita la enfurecida mujer de vuelta. —Quédate con todo, bruja sin escoba, no quiero nada que tenga que ver contigo. —Hazme los honores y firma el divorcio, bueno para nada. ¡Fírmalo! Un fuerte grito, seguido a eso, se hace un silencio sepulcral. El hombre a mi lado y yo nos vemos como si tuviésemos la misma idea al mismo tiempo en nuestras mentes. Un minuto. Dos minutos. Tres minutos. Se acabó. —Hazte a un lado, por favor —pido malhumorada, para abrir las puertas. Ruedo los ojos casi gruñendo, nuestros clientes se besan con una pasión digna de una telenovela, comiéndose las bocas como si nunca se hubiesen besado antes. Me cruzo de brazos preguntándome, ¿Cómo rayos he terminado aquí? Pasé de enfrentar a peligrosos y temidos delincuentes en la corte a esto, en mi defensa, fue un favor que me pidió mi tío Leonard debido a que él no disponía de tiempo para procesar este infernal divorcio. Mi clienta y su casi ex esposo estuvieron peleando a muerte desde que pisaron la sala de juntas. Y aquí están, estos dos necesitan un cuarto a solas con carácter de urgencia. —Te amo, por favor, no te divorcies de mí. Quédate con todo, no lo necesito si no te tengo a ti. Tú sabes que todo lo mío es tuyo, pero por favor… No me dejes. —Amor mío, ¿Cómo podría dejarte? No quiero nada, nada que no seas tú. Y se vuelven a besar. El hombre ha aferrado a la mujer como si temiera a que se marchara al medio soltarla, ella se sostiene a ese agarre con salvajismo. Sus bocas se abren engulléndose en un explícito beso que bien estuviese restringido dar en público en varios países. —Cásate conmigo otra vez. Vamos a renovar nuestros votos —propone el hombre que estuvo gritando hace escasos minutos que la odiaba como un energúmeno. Como si hubiese cambiado de estado emocional, ha cambiado del odio al amor. Luce como el más enamorado, casi, como si fuera una persona diferente en el mismo cuerpo. Deja a mi clienta boquiabierta… Y a mí también, no pueden estar hablando en serio. Difiero, están hablando en serio. Se hinca en el suelo, ambos de ojos llorosos. —¡No te creo! —exclama emocionada la antes casi divorciada, ahora esposa reconciliada, pronto, de votos renovados. —Ni yo —rechisto entre dientes. —Yo tampoco —murmulla el abogado representante del hombre. —¡Acepto, acepto! ¡Sí, sí! ¡Contigo, mil veces sí! Pongo los ojos en blanco a la par de que la parejita enamorada cual merece estar en camino a su luna de miel se besan entre lágrimas, celebrando lo que sea que está aconteciendo entre los dos. ¿Reconciliación? ¿Nueva boda? No lo sé. —¡Ustedes! —nos señala el sonriente casi ex poso—. Gracias a ustedes es que esto se ha logrado. —¿Nosotros? —preguntamos al unísono igual de descolocados y perdidos. —Sí, gracias a ustedes logramos reconciliarnos, sin ustedes no hubiese sido posible. Fue porque nos dejaron solos, eso era justo lo que necesitábamos, tiempo a solas. Con rapidez, disimulo la mueca que se me salió infraganti. —Pero si los hemos dejado solos porque se estaban matando… —farfullo, el abogado a mi lado se ríe bajo. Desde que solicitaron el divorcio, porque si, ambos solicitaron el divorcio como si se hubiesen dispuesto a una competencia por quien lo pedía primero no habían dejado de discutir. Si los dejamos solos fue porque la situación se tornó insoportablemente insostenible, no para que se reconciliaran. —Estarán invitados a nuestra renovación de votos, tienen que venir si o si, es más, tienen que tener un papel importante en nuestra boda. Algo así como la dama de honor y el padrino. —¡Que buena idea, mi amor! —¿Lo sé, cierto? ¡Disfruten, el amor está en el aire! Contengo el aire como si mi vida dependiera de ello antes de respirar por accidente. El abogado voltea a verme como si estuviese interesado, le lanzo una venenosa mirada reprobatoria. Que ni se le ocurra. —Ni lo pienses —advierto—, fue bueno trabajar para usted, señorita Jasmine. Puede contar conmigo para cualquier eventualidad. No me mortifica que el divorcio no se haya llevado a cabo, mis honorarios serán pagos. En menos de cinco minutos, la enamorada pareja se marcha lanzado rosas y pétalos de amor a su paso. —Tío, ¿Se puede saber por qué me estás dando los casos más insulsos? —ese es mi saludo al entrar a su despacho, ni más ni menos, sil filtros de por medio. —Mi querida sobrina rebelde —su voz cantarina me hace elevar las cejas casi al cielo—. De disponer del tiempo correspondiente, yo mismo hubiese atendido ese divorcio. Además, ¿Recuerdas lo que sucedió la última vez que tomaste un caso peligroso? —¿Me subestimas, tío? —Es lo contrario. Sé hasta dónde podrías llegar para lograr tus cometidos. Mis dientes chocan rechinando, el ojo casi me tiembla. Quiero un caso de verdad, sería el tercer divorcio de la semana en el que los clientes se reconcilian. ¿Qué está pasando con la gente, seré yo la reencarnación de cupido? —Buenos días, con permiso —saluda la asistente de mi tío Gertrude, ha trabajado para él durante más años de los que pueda contar—. ¡No me lo van a creer! Está este importante hombre que salió en la televisión allá afuera… —¡Su caso es mío! Mi reclamo es veloz, conciso y tajante. No quiero otra pareja peleona que termina más enamorada de lo que alguna vez lo estuvo en medio de nuestra sala de juntas, esos amores son puras tonterías. No es más que costumbre disfrazada de falso amor. Me retiro del despacho de mi tío hacia el mío con la velocidad de la luz. Saco mi papel, alisto mi bolígrafo despejando el desorden en mi escritorio. —Buenos días, Melody Werner. Esa incomparable aterciopelada voz provoca que suba la cabeza, por inercia, suelto el bolígrafo que sostenía con firmeza. El hombre que se levanta ante mí es altísimo, de presencia imponente y ancho torso de fuertes hombros y brazos fornidos. Frondoso cabello como la noche misma, ojos de metal fundido adornados de párpados elevados, nariz recta y labios abultados, en su mandíbula angular cualquier rastro de barba ha sido desvanecida. Es un hombre en toda la extensión de la palabra, un hombre de verdad. Malek Al Naimi se presenta luciendo como un ángel caído, el peligro descrito en hombre. —Melody Werner —se saborea mi nombre como si fuera el chocolate más fino que ha entrado a su boca—. Es un gusto conocerte, he oído lo justo de ti. Me presento, soy Malek Al Naimi. Tu nuevo y más fiel cliente. Trago saliva, me pica la nuca, el cuero cabelludo y los dedos, lugares que antes no me habían molestado incordian. —Ya que no oigo respuesta de su parte, extenderé mi caso a solventar —Malek Al Naimi desliza una carpeta por el escritorio, mis manos temblorosas no dan para sujetarla, el corazón me palpita desbocado queriendo salirse de mi boca—. Por favor, léalo. Lo hago, sostener tal documento requiere de ejercer un esfuerzo abismal. De repente, una hoja pesa lo mismo que un roble. Lo leo, sigo en silencio. Si antes tenía la lengua tiesa, al leer cada letra mis ojos se abren más y más hasta llegar a su punto máximo. Al terminar la última sentencia es como si hubiese perdido la capacidad de hablar. Malek Al Naimi debe contraer matrimonio y tener un heredero con un rango de tiempo estipulado de doce meses. Tiene el tiempo a tope en su contra. Por eso fue que le pidió matrimonio a mi hermana… —Señor Al Naimi, no hay nada que pueda hacer por usted, no hay vacíos legales, tampoco letras pequeñas. El documento es tan claro como el agua. No tiene más opción que casarse y presentar a un heredero legalmente. —Y es por eso que te necesito a ti, Melody Werner, eres la abogada que resolverá mi complicado caso. Tú… tú te vas a casar conmigo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD