Camila El perfume de Ignacio me invita a inhalar profundamente, con la intención de que su aroma llegue a lo más profundo de mi mente. Me doy cuenta que estoy sonriendo tontamente y me concentro en identificar de dónde viene el aroma. Al abrir los ojos, siento la suavidad de su tonificado pecho bajo mi mejilla, acaricio sus pectorales y lentamente levanto la vista para mirarlo. Esta dormido, con una expresión de paz que se me grava en la retina. Caigo en cuenta de que esto es un sueño y me divierte pensar en lo diferente que es a los otros. Hoy no hay sexo desenfrenado ni caricias impertinentes, solo hay paz y dulzura. En ese momento abre sus ojos y el azul de su mirada se encuentra con la mía haciendo que ambos sonriamos tímidamente. Me acomoda un mechón de pelo atrás de la oreja y se ac

