Un año después Camila Intento mover mis brazos pero no puedo, las manos de Ignacio los tienen inmovilizados sobre mi cabeza, mientras me besa apasionadamente. Su m*****o entre mis piernas tiene un ritmo frenético que está a punto de hacerme estallar. Agradezco tener el cinturón de mi bata entre los dientes para evitar que los gemidos se escuchen desde afuera pero maldigo el antifaz que me priva de ver el cuerpo trabajado de mi esposo moviéndose sobre mí. Aunque no puedo negar que el hecho de no ver hace que sienta todo con mayor intensidad, incluyendo lo que sucede entre mis muslos, que en cualquier momento culmina con un orgasmo igual de espectacular que siempre. Justo cuando lo estoy sintiendo venir, acompañado de los besos que Ignacio riega por mi cuello… la alarma del despertador me
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