Laureano, furioso por la pérdida de su ventaja, decidió tomar medidas drásticas. Sabía que para debilitar a la familia García, necesitaba un golpe contundente que sembrara el caos y la desconfianza en su núcleo. Con ese objetivo en mente, reunió a un grupo de mercenarios leales y les dio instrucciones claras: atacar la mansión García, causar el mayor daño posible sin herir a nadie, y eliminar a tres personas específicas que debían parecer traidores. Los mercenarios se movieron con precisión y sigilo, estudiando los patrones de seguridad y las rutinas de los ocupantes de la mansión. Una noche, bajo la cubierta de la oscuridad, lanzaron su ataque. La mansión García se despertó abruptamente con el sonido de explosiones controladas y vidrios rotos. Luis Carlos, Gabriel y Martín se apresuraro

