Octavia Desperté en los brazos de Orión, su calor y cercanía envolviéndome en una sensación de seguridad y protección. A pesar del confort de ese momento, mi mente no podía evitar recordar el sufrimiento que él había enfrentado durante su cautiverio a manos de su hermano y Adriana. Una ira fría y calculadora comenzó a hervir dentro de mí al pensar en Adriana. La idea de hacerla pagar por cada momento de dolor que le causó a Orión se anidó en mi mente. La luz del sol se colaba a través de la ventana, bañando la habitación con un brillo suave y cálido. Con cuidado, me deslicé fuera de sus brazos, intentando no despertarlo. Necesitaba un momento a solas para procesar mis pensamientos y emociones. Me paré junto a la ventana, observando cómo los primeros rayos del sol iluminaban el terreno d

