Capítulo 8 Catalina, estaba muy sorprendida por el regalo de la abuela, no se lo esperaba, que solo negó con la cabeza. ―No, es que esto es demasiado, no lo merezco ―dijo, solo dejando salir un par de lágrimas, sintiéndose mal consigo misma por todo lo que ocultaba. ―Claro que sí, no digas tonterías, esta parte es la herencia de mi nieto, pero como comprenderás él no puede lucirla y pues solo queda que las luzcas tú, como su esposa que eres, más adelante si tienen hijas, bueno ya te corresponderá a ti, obsequiarles lo que consideres. ―dijo la abuela, solo dándole el cofre en sus manos. ―Pero no llores mi amor, mi abuela tiene razón ¿Quién más las va a lucir? ―pregunto, limpiando con su dorso las lágrimas que dejaba escapar Catalina―. Anda sácalas para que mires que te gusta y lo que no,

