NARRA KORA HARRISON Miré el techo una vez más, y lágrimas no dejaban de caer. Había caído en una mentira sin final. Estaba perdiendo una amiga y más allá de un romance, perdía un amigo. Alan y Daila Davis me habían vuelto en una mentira interminable que se salió de control y jugó con mis sentimientos como jamás nadie lo había hecho; y sabía que lo que más dolía, era no haberlo esperado y mantener firme que no serían capaz de algo así. Respirando hondo y llenando mis pulmones de aire, un sentimiento de vacío y dolor se hacía presente en mi pecho y todo cambió en segundo. Todo había cambiado ahora entre los tres. Existía un Alan, pero no el Alan que todo este creí que existía. No hubieron conversaciones con él, no era él, era una versión creada por Daila. ¿Al menos sí le gustaba a

