Capítulo treinta y siete Mis patas siguen sin reaccionar después de media hora y mis ojos nada más observan los movimientos de él protegiéndome de cada vampiro que arremete en mi dirección. Ya lleva más de cincuenta muertos apilados en un solo sitio. Respira agitado tras matar a otro de sus atacantes y lo lanza a la montaña de ellos sin voltear a verme, el silencio sepulcral reina otra vez y la brisa corre mezclado todos los olores que hay a nuestro alrededor. Yannick levanta su cabeza para calmarse y posa una de sus manos a los costados de su cuerpo, la alza levemente para mirarla y mi corazón se comprime cuando ve la cantidad de sangre negra que sale de él. Está herido. Intento con todas mis fuerzas moverme dada la desesperación que cargo, pero nada resulta ser efectivo. No tengo

