Capítulo treinta y cuatro —Estoy bien. Le repito a mi madre por quincuagésima vez, pero ella más que nadie sabe que no es así. Después que ella nos sacó prácticamente volando de la casa del Alpha por no pedir permiso para entrar, paso al supermercado y me compró un enorme pote de helado de chocolate el cual no he tocado ni un segundo desde que llegamos a la casa. Fijo la vista al helado derretido y mis ojos dibujan esa escena en mi cabeza sin importar que observe. —¿Quieres que llame a Jex? ¿Quieres hablar con ella un rato? ¿Te llevo a su casa? —cuestiona ella con un tono de voz suave mientras acaricia mi cabello esponjado. Niego —Jexi está en líos también, lo que menos quiero es ser una carga para ella al contarle lo que ha pasado, además —observo la luna en su punto más alto desde

