V

1174 Words
Orhan Me encuentro en medio de la noche, en algún rincón remoto de este mundo desconocido. Las órdenes son claras: infiltrarse, recuperar, salir. La adrenalina bombea en mis venas, cada paso es una combinación de entrenamiento y experiencia. Mis compañeros y yo estamos listos, somos una unidad, una fuerza coordinada para llevar a cabo esta misión de rescate. El humo y el sonido de los disparos me envuelven mientras avanzamos con sigilo. Somos sombras entre la oscuridad, cada movimiento calculado, cada palabra es un susurro decidido. No hay lugar para el error, la misión es clara y nuestra convicción es absoluta. El objetivo está en la mira, una situación tensa y peligrosa. Personas en peligro, vidas en la balanza. Mi entrenamiento se activa, la acción es inminente. No hay espacio para dudar, cada segundo cuenta. La responsabilidad pesa sobre mis hombros, pero mi deber es claro: llevar a cabo el rescate. Puedo observar a mujeres y niños atrapados en la casa donde la mafia hace sus tratos asquerosos jugando con vidas ajenas y me repugna saber que mi familia también es parte de esta porquería. Dirijo con firmeza a mi equipo y cuando estamos listos se da la primera detonación eliminando al guardia que se encuentra a la derecha de la casa, así sucesivamente van cayendo uno a uno menos el líder que se da cuenta de todo y toma a una chica como rehén. No lo pienso más y me escabullo por la puerta detrás de él llevando mi arma apuntando en su dirección, con extremo sigilo apunto a su cabeza y que Alá me perdone por matar y así crearles un mayor trauma a las víctimas de estas personas pero lo hago por un bien mayor. Pensando en esto y pidiendo perdón halo el gatillo provocando que la cabeza de ese malnacido estalle inundando de sangre a la pobre chica de la que estaba sujeto amenazándonos. Ya podía respirar tranquilo, el peligro terminó o eso es lo que creía, pues cuando quise reaccionar a la voz en mi intercomunicador ya era tarde y el disparo que se oía atravesar el aire dio directo a mi hombro izquierdo. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Narrador omnisciente En un lugar distante de la bulliciosa vida de la ciudad, en las sombras de la región más apartada de Turquía, Aysun se encontraba inmersa en una realidad hostil. La falta de recursos y la presencia constante del peligro se habían convertido en su día a día. En un rincón olvidado por la prosperidad y la seguridad, luchaba por sobrevivir. El paisaje árido y desolado servía como telón de fondo para la lucha diaria de Aysun. Las calles polvorientas y los edificios desgastados por el tiempo eran testigos silenciosos de la vida de esta joven. Sin embargo, bajo la superficie aparentemente tranquila, se escondían las tensiones y los peligros que acechaban en cada esquina, desafiando su fuerza y determinación. Aysun se aferraba a la esperanza en medio de la desesperación, buscando una salida a la situación angustiosa que la rodeaba. Pero aún no sabía que su camino se entrelazaría con destinos imprevistos, llevándola hacia un giro inesperado que cambiaría su vida para siempre. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Aysun Salir del supermercado después de una larga jornada de trabajo como cajera siempre es agotador. El sonido constante de las cajas registradoras, las luces brillantes y los rostros apresurados se desvanecen lentamente mientras atravieso la puerta hacia la noche. Aunque estoy cansada, siento alivio al tener mi paga en el bolsillo y algunos alimentos frescos para la cena con Aynur, mi hermana mayor. El peso de la bolsa con las compras se siente reconfortante, como si llevara un tesoro valioso. Camino por las calles, cada paso es un recordatorio del día agitado, pero también de la convicción que nos impulsa a seguir adelante. Aynur espera en casa y sé que le alegrará ver la cena que prepararé con tanto cariño. La luz de la calle destaca los edificios desgastados y las calles polvorientas de nuestro barrio. Es un lugar humilde, lleno de vida y de historias anónimas. Aynur y yo hemos pasado por mucho aquí, enfrentando los desafíos juntas, encontrando consuelo en nuestra unión. Al llegar a casa, el aroma a especias flota en el aire mientras preparo los ingredientes para la cena. Aynur llegará pronto y quiero que encuentre un hogar acogedor y una comida reconfortante. A pesar del cansancio, la alegría de compartir este momento con mi hermana mayor es lo que me da fuerzas para seguir adelante, día tras día. Aynur irrumpió en la sala, su presencia era tan hermosa como siempre, pero algo en sus ojos me preocupaba. Sus esmeraldas destellaban cansancio y algo más, algo que prefería no definir con exactitud. Noté un moretón en su brazo y parte de su cuello estaba igual, una señal más que se sumaba a mi creciente inquietud. — ¿Cómo estuvo tu día, Aynur?. — Pregunté con algo de cautela pues sabía que a Aynur no le gusta mucho hablar sobre su “trabajo”, intentando ocultar mi preocupación mientras continuaba con la preparación de la cena. Se dejó caer en la silla con un suspiro, su mirada evitaba encontrarse con la mía. — Agotador como siempre, Aysun. Pero al menos fue tranquilo.— Respondió con un deje de resignación. — Hermana, he notado que últimamente estás más cansada.— Me acerqué, preocupada por los signos evidentes de fatiga. —Y... ¿ese pequeño moretón en tu brazo?.— Mencioné, tratando de encontrar las palabras adecuadas sin ser intrusiva. Desvió la mirada brevemente antes de responder con una sonrisa forzada. — Es solo un rasguño, no te preocupes. El trabajo puede ser un poco complicado a veces, ya sabes.— Me preocupaba más de lo que admitiría. — Pero, Aynur, es peligroso. No solo estás cansada, sino que en cualquier momento podrían llevarte a la cárcel. Me preocupa lo que podría pasarte. ¿Podrías intentar dejarlo? Hay otras formas de conseguir dinero...— Aynur tomó mi mano con ternura. — Lo sé, hermana. Pero ahora mismo necesitamos este dinero para sobrevivir. No te preocupes tanto por mí, estaré bien. Iré a darme un baño y vengo a cenar contigo ¿si? Debo salir para ganar unos centavos más.— La veo ir en dirección a nuestra habitación y no puedo evitar sentir las lágrimas acumularse en mis ojos deseando que mamá y papá estuvieran aquí pero ya no era así y Aynur tenía razón: debíamos conseguir dinero a cualquier costo para poder salir de esta madriguera de ratas. Poco después volvió arreglada como siempre y cenamos hablando de cosas un poco triviales. El silencio que siguió estaba cargado de una preocupación compartida, una tensión que se alzaba entre nosotras, entre el deseo de proteger a mi hermana y la realidad ineludible de las circunstancias que la empujaban a este camino peligroso. — Nos vemos en la mañana, Aysun, no le abras la puerta a extraños.— Dice para luego darme un abrazo y salir con la luna de compañera como lo indica su nombre.
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