Helena Lacroix Desperté nuevamente en la seda negra, era casi mediodía y mi cuerpo me dolía, el alma me dolía, todo lo hacía. Y, desde hacía mucho tiempo, me sentía atrapada, tanto metal como literalmente. No podía ir a ningún lado, tampoco hablar con mi familia. Los extrañaba mucho, extrañaba mi hogar, mi cama, aunque esta fuera mucha más cómoda, y también lo extrañaba a él. Sé que era una estupidez el sólo pensarlo, Mario me engañaba. Lo peor de la infidelidad no es lo que le hace a la confianza, sino lo que le hace a tu autoestima. Te miras en el espejo y percibes ese vacío en ti. No te sientes lo suficiente linda y capaz. Así me sentía. Ser testigo de un asesinato. No, de dos asesinatos, el saber que estoy secuestrada, que mi familia está en peligro y que Mario me era infiel, todo ell

