Estefano
Después de una semana bastante difícil para mí, aún estoy dormido cuando escucho el alarido de Katia que viene muy temprano a despertarme.
—¡Hermano, por favor, levántate!
Me dice casi gritando.
—¿Qué pasa? —le digo con la voz aún somnolienta.
—Hermano, quiero pedirte un favor —me lo dice haciendo un puchero en la cara, como una niña chiquita; poniendo sus manos en súplica.
—Dime... ¿Qué tramas, pequeña chantajista?
Hace su cara de indignación y me río al ver que es una loquita de lo peor, seguro algo se está tramando.
—Quiero que me lleves a la plaza, por favor. Estefy y yo vamos a ir de compras. Escucha, hermano, ella es una chica increíblemente talentosa y vamos a comprar todas las cosas para hacer nuestro primer trabajo del semestre. Serán tres en el semestre y este me entusiasma sobremanera. Tiene unas ideas geniales, de verdad no me arrepiento nada de haber estado con ella —me dice eso con una gran expresión de felicidad en el rostro. Recuerdo los modelos que tenía Estefanía en su carpeta. Y sí, tiene mucho talento. Aún sigo preguntándome el porqué de su vestir.
—Y no pueden ir solas. Escucha, Katy... yo hoy tengo un compromiso, no puedo llevarte.
Sí, tengo un compromiso con los chicos en las carreras, pero no es como que no pueda faltar.
Pero en realidad no he visto a esa chica desde el día que cruzamos palabra, y a decir verdad me siento muy avergonzado, extraño, no sé qué siento... tenerla cerca... causa algo raro en mí.
Pero eso Katy no lo sabe, así que insiste e insiste en que la lleve.
Vamos en camino a la casa de Estefy... sí... sí, ya sé, soy un manipulable hermano mayor que no puedo decir no ante las súplicas de mi querida hermana. Solo espero que este encuentro con... ella, no resulte mal. Después de la última vez que la vi no tengo tantas expectativas, desearía que todo fuera diferente...
Llegamos hasta nuestro destino, la casa de Estefy. Katy baja corriendo apenas me estaciono, se dirige a la casa de ella. Solo tardan unos segundos y la puerta se abre... la veo ahí... de nuevo, con esa hermosa sonrisa que irradia felicidad, a diferencia de la última vez que la vi, que estaba su mirada llena de tristeza. Recuerdo eso y siento un vacío en el estómago.
Se saludan, se despiden de la madre de Estefy, vienen de camino al auto. Dios, de verdad, de verdad, creo que estoy volviéndome loco. Hoy ella se ve realmente divina, hermosa. Trae una falda de mezclilla, con una _t-shirt_ color rosa a juego con sus zapatos. No está vestida extrañamente como va a la escuela... trae su largo cabello suelto y se ve hermosa... tampoco trae esos lentes. De verdad que la veo tan hermosa, que al mirarla siento otra vez ese ligero cosquilleo en mi estómago. ¿Qué demonios me hizo daño? He tenido este malestar desde hace días.
—Estef nos llevará... vamos, hermano —me dice Katy al llegar al auto. Salgo de mis pensamientos que me tenían ensimismado y solo hago señal de hola con la mano. Estefy me mira, sonríe, entra al auto con mi hermana. Suben en la parte trasera, comienzan a charlar muy entusiasmadas de su trabajo que realizarán. Voy mirando a Estefy por el retrovisor, ella no se percata de mí. ¿Qué le pasa a esta? ¿Acaso no sabe quién soy?...
Estoy reclamándome mentalmente de ser tan tonto cuando me percato de que Estefy me mira por el retrovisor... nos quedamos mirando unos segundos en el espejo. Trago saliva y empiezo a sudar... seguro que esto es una enfermedad, ya estoy sintiendo los síntomas. Hago nota mental de ir al médico, esto no es normal. Veo que ella se ve diferente hoy, la noto más segura y feliz. Quisiera ser tan feliz como las miro a ellas... Al fin llegamos a la plaza.
—Gracias por traernos, hermano. Hoy no pases por mí, de aquí iremos a casa; no creo que tardemos demasiado, así que ve a hacer esos asuntos tuyos que te hacen creer que eres un chico malo, ja, ja, ja —me dice Katia con una gran sonrisa y me da un beso en la mejilla. Se va con Estefy a hacer sus cosas de chicas. Solo estoy ahí parado fuera del carro, recargado en la puerta, cruzado de pies y mis manos en los bolsillos. De verdad que ver a Estefanía hoy me ha causado algo muy extraño. Siento que algo tengo que hacer, tengo la gran necesidad de querer protegerla, de querer abrazarla, no sé por qué. ¿Será que... el que en realidad espera y anhela ese abrazo... esa calidez soy yo?
Después de dejar a las chicas en la plaza comercial, me dirigí a casa. Me encuentro en mi remolque, estoy recostado en la cama solo pensando en esa chica de ojos azules que me está robando la paz que yo tenía. Me recrimino porque sé que no tengo por qué bajar la guardia ante una chiquilla que solo ha actuado como si no existiera. No es que me cause algo extraño, pero saber que casi todas las chicas morían por mí y ella en especial no, me hace mucho daño a mi ego.
Sé que no quiero causarle daño alguno y creo que debo hacer algo para que los chicos olviden lo de la apuesta.
Salgo del remolque, voy sumergido en mis pensamientos cuando encuentro a Olivia en la entrada de la casa.
—Hola, querido —me dice dándome un abrazo—. ¿Cómo estás? Tiene días que no te veía. ¿Vas de salida? No quieres comer con nosotras, vamos, te invito.
Me dice tomándome del brazo muy cálidamente.
Viene con su sobrina, que es de mi misma edad; la cual también es mi mejor amiga y, bueno, en el pasado sí fuimos algo más, e hicimos algo más, que no es motivo de orgullo, pero sí ha pasado.
Ella me saluda con beso en la mejilla y una gran sonrisa pícara que solo ella sabe dar.
Es muy bonita, para ser sincero,
con ese cabello ondulado suyo, su personalidad de chica ruda que maneja y en algún momento me gustaba mucho, para qué les miento. Ya que su personalidad desenfadada es muy contagiosa. Solo sé que ella era una buena compañía en mis momentos solitarios de la adolescencia cuando recién conocimos a Olivia. Los dos experimentamos juntos muchas nuevas experiencias que nos hacían sentir bien; nuestro despertar en la sexualidad. Aunque ha sido alguien especial en mi vida, nunca he pensado en algo más con ella, ya que ella es muy... como yo ahora. Tal vez ella me enseñó a que no debemos tener compromisos, solo vivir, disfrutar, estar en el aquí y el ahora, aprovechar cada oportunidad para estar feliz y tener los privilegios del sexo, pero sin ninguna atadura...
—Muchas gracias, Olivia, es que en realidad tengo que salir, pero... mil gracias.
—Oye, no, ven, estoy segura de que no has comido. Ya es muy tarde para que sigas sin comida en el estómago. Vamos, ya te he dicho que no es nada bueno para la salud dejar tantas horas sin comida a tu cuerpo.
Me jala hacia la casa y entramos al comedor. Olivia empieza a preparar todo en la mesa para comer, porque ya trae la comida hecha. Mientras que Olivia está en ir y venir de la cocina al comedor, yo la estoy ayudando a pasar las cosas. Miro a Bianca que me ve con cara de interrogación.
Terminamos de acomodar todo y nos disponemos a comer, cuando suena el celular de Olivia. Se disculpa, atiende su llamada en la sala.
—¿Qué tiene mi chico malo favorito?
Me dice Bianca, llevándose un bocado a la boca y me guiña el ojo.
—Tu chico malo está pasándola mal en estos momentos, no tengo ganas de nada.
—Cuéntame... ¿cómo se llama?
—¿Quién?
—La chica que te está robando tu paz.
—No hay ninguna chica, Bianca, ¿cómo crees que yo...?
—Shhh, shhh —me dice poniendo un dedo en su boca—. A mí no me puedes mentir, querido. Dime entonces, si no es una chica, ¿qué puede ser?
—No sé... pero créeme, no es lo que estás pensando. Pienso que estoy enfermando de gravedad.
Me mira con cara de no creerme nada. Llega Olivia, se disculpa y se dispone a comer, cuando escuchamos que entra Katy con un gran escándalo; así como es ella siempre, un torbellino de alegría. Llega hasta el comedor, saluda efusiva a Bianca, se llevan bien, al igual que a Olivia. Cuando volteo, está ahí... otra vez la visión más agradable para mis ojos, parada en el marco de la puerta... es Estefy.
—¡Qué gusto verte aquí, Bianca! Mira, te presento a mi amiga, ella es Estefy.
Katy jala a Estefanía y la presenta con Olivia y Bianca. No logro disimular mi sorpresa de verla ahí, me pongo un poco nervioso. Ahí está ese malestar otra vez.
Tenerla tan cerca de mí me hace sentir una corriente eléctrica en todo el cuerpo.
Bianca y Olivia saludan, hacen una revolución en que si se sientan a comer, en que si no. Bianca me ve con cara de que me ha descubierto. Me hago el disimulado completamente.
Sonríe y voltea a ver a Estefy y me guiña un ojo. Me da una patada por debajo de la mesa.
La miro con cara de duda y voltea los ojos.
—Gracias por todo, Oli, pero vamos a subir a mi cuarto, tenemos un trabajo pendiente y ya comimos en la plaza.
—¿De verdad, chicas? Bueno, cualquier cosa aquí estaremos por si algo quieren.
—Muchas gracias, señora.
Dice Estefy, volteando a verme con notable incomodidad.
—No, no es nada, chicas, vayan entonces.
—Nos vemos luego, chicas.
Les dice Bianca diciendo adiós con su mano; la volteo a ver y niego con mi cabeza.
Terminamos de comer, ayudamos a limpiar y terminando me voy a la sala. Tengo una ligera sensación de subir y ver a Estefy... pero me resisto. Llega Bianca conmigo y por detrás me habla, yo estoy sentado en el sillón, viendo televisión.
—He descubierto tu malestar y falta de ánimo —me dice casi burlándose de mí—. Es muy bonita, y qué bonito su nombre, ¿no? Qué casualidades del destino.
—No sabes lo que dices... es algo más complicado, me he metido en un lío y no sé qué voy a hacer.
—¿Qué está pasando? Te escucho muy serio —me dice sentándose a un lado de mí—. Cuéntame... ¿qué puede ser eso tan grave que te tiene así? Estef, realmente nunca te vi de esta manera.
Sé que Bianca es una amiga, y sí, he confiado en ella más que en nadie, incluso que mi hermana, y sí, mi hermana igual es mi amiga, mi cómplice, pero... digamos que hay cosas secretas que tal vez Katia no lograría entender si es que las supiese. Al final nunca somos quienes somos realmente frente a nuestra familia, siempre hay un amigo o amiga que de verdad sabe más de nosotros. En mi caso, Bianca y Sandro son esos amigos.
Le cuento a Bianca todo lo que está pasando y solo se queda callada, pensativa, mirándome con ojos inquisidores.
Estamos hablando cuando Olivia sale de la cocina, donde estaba desde hace un rato.
—Chicos, voy a salir un momento, me requieren en la oficina por un asunto muy importante. ¿No vieron las llaves de mi auto? —nos dice mientras está buscando por todos lados las llaves—. ¡Dios, me urge! Tengo que llegar inmediatamente.
—Ten, Olivia, llévate mi auto, ya no saldré, así que anda en él.
Le digo dándole las llaves de mi auto; las cuales agarra y sale de la casa toda prisa.
—¡Cuídate, tía, ve con cuidado!
Dice Bianca gritando porque Olivia ya va en la puerta.
Al irse Olivia, Bianca y yo retomamos nuestra plática.
—Sabes qué pienso de esos amigos tuyos —me dice eso haciendo comillas con sus dedos al decir la palabra: amigos—. Nunca me han caído bien y más esa chica tan insoportable con aires de grandeza, que está obsesionada contigo. Y que ahora quieran burlarse de una chica que nada les ha hecho, es ahí donde pienso que eres un completo animal.
—Bianca... yo... no supe qué hacer, ok... solo hablé, dije eso de que yo lo haría para que a ellos no se les ocurriera hacerlo. Ni siquiera quiero que se le acerquen, no lo toleraría, en serio que no.
—¡Oh, por Dios! —dice Bianca poniendo sus manos en la boca con gran sorpresa—. Te gusta la chica, mi sexto sentido no se equivoca. Cuando vi cómo la mirabas hace un rato.
—No digas incoherencias, por favor, no hay manera, no es posible —lo negaba, tratando de convencerme a mí mismo de que no era así—. Sí es bonita, muy bonita, de hecho... pero...
—Pero... ¿pero qué? Mira, Estef, yo sé que no eres un patán, y que detrás de esa máscara de chico malo que te has impuesto está un hombre con sentimientos. Eres noble, eres amoroso. Sé también que te has creado un personaje para no salir lastimado, pero, por favor, ¿me vas a negar a mí, a mí, que esa chica te atrae más de lo que puedes tú siquiera entender?
—Bianca... por favor, no.
Me calla poniendo su dedo índice en mi boca.
—No, shhh... a ver, vas a solucionar esto, ok. Vas a ir a donde tus imbéciles amigos y les dirás que esa apuesta no será, que definitivamente no lo harás y ya, asunto terminado. Y los amenazarás si es posible para que ninguno se atreva a siquiera dirigirle la palabra a esa chica.
Me lo dice tan cerca de la cara que pareciera que nos vamos a besar.
Cuando me percato de que Katy y Estefy están bajando las escaleras. Pareciera que Bianca y yo estamos en una situación romántica. Katy hace como que tose para que veamos que están ahí. Aclara su garganta y se dirige a nosotros. Bianca se aleja de mí, me quedo pasmado como si estuviera haciendo algo malo y me han pillado en pleno acto bochornoso.
Estefy va con sus manos enfrente, se mira muy nerviosa.
—Mm... perdón por interrumpir... lo que sea que estuvieran haciendo.
Dice Katy al estar cerca de nosotros.
—No interrumpen nada, chicas, solo estamos... platicando.
Aclara Bianca con una gran sonrisa en su cara. Ve a Estefy y me pellizca el brazo.
—¡Auch!
Me quejo por su acción hacia mi persona. Ella me dice con la mirada que vea a Estefy. Volteo a mirarla, está ahí parada como si estuviera regañada, solo agarrando sus manos muy nerviosa.
—Hermano, ¿puedes llevar a Estefy a su casa, por favor? —me dice Katy con un tono de súplica—. Es que su papá no está y bueno, ya es tarde. ¿Podrías hacerlo?
—No se preocupen... Katy, ya te dije, puedo pedir un taxi, no pasa nada. No voy a interrumpir a tu hermano con su... novia —dice Estefy con un tono de vergüenza en la voz y su mirada un tanto extraña. ¿Por qué? Dios, me ha visto con más de una. Ha de pensar que todas son mis novias o mis conquistas, que soy un mujeriego—. En serio... yo no tengo ningún problema en irme en taxi. Tengo la aplicación, voy a pedir uno, Katy.
—Obvio no te irás en taxi, amiga —le dice mi hermana agarrando su celular—. Estef te va a llevar... ¿verdad, hermano?
Voltea a mirarme mi hermana para que diga algo. Solo me quedo mirando a Estefy, ya que ella piensa lo peor de mí, es muy evidente su rechazo porque yo esté cerca de ella.
—Claro que puede llevarla.
Dice muy segura Bianca y me avienta hacia ella.
—Si no tienes inconveniente en que te lleve... Estefy, claro que te llevo a casa. Solo que... —recuerdo que Olivia se llevó mi auto, únicamente quedaría la opción de llevarla en mi moto—. Bueno, Olivia se llevó mi auto, solo tengo la moto.
—No, en la moto no, hermano —dice Katy con tono de preocupación—. Es peligroso.
—Katy, querida —interviene Bianca, tomando a mi hermana de los hombros—. No es peligroso, Estef es muy precavido y bastante bueno. Deja que la lleve en la moto, no pasará nada.
—Pero... es que...
—Está bien... yo, estoy bien, Katy, no hay problema —dice Estefy con una gran seguridad—. No creo que pase nada malo.
—Bueno... vamos... —le digo a Estefy señalando la salida. Me despido rápido de mi hermana y Bianca me guiña el ojo con una actitud pícara en su rostro. Ruedo los ojos, me dirijo a la salida. Estefy se despide de mi hermana y subimos a la moto. Le doy mi casco y nos dirigimos rumbo a su casa.
Durante el camino Estefy nunca me agarra para sujetarse, va tomada del asiento.
—Te aconsejo que me tomes de la cintura... porque así puedes caer.
Le digo con una sonrisa de picardía, porque sé que va temblando.
Me detengo en una calle, volteo a mirarla. Está con cara de angustia y respirando muy rápido.
—Cálmate... no te voy a hacer nada... solo quiero que vayas segura, puedes agarrarte de mí, no te haré nada... —le digo con mucha delicadeza porque es obvio que está muy asustada. Me doy cuenta de que jamás ha subido a una moto—. Nunca has estado en una moto, ¿verdad? Si vas agarrada de ahí puedes tener un accidente. No es que quiera que me abraces.
No he terminado de hablar cuando Estefy me interrumpe con tono de enojo.
—¡Pues no es como que quiera que quieras que te abrace! ¡Es más, deja llamo a un taxi! ¡Que bueno que te detuviste, porque no quiero estar cerca de ti!... Y si acepté que me llevaras a mi casa fue por Katy,
que estaba muy ansiosa, pensando que yo tenía miedo.
Me dice con tono aún más enojada, casi de impotencia.
—Espera... ¿qué? ¡Ya estamos aquí y no te voy a dejar así nada más! ¡Voy a llevarte a tu casa! —le contesto muy enojado. ¿Qué se está creyendo esta chiquilla caprichosa?—. ¡Veo que no te caigo nada bien, pero eso me tiene sin cuidado!
Me bajo de la moto y la encaro. Ella sigue sentada en la moto, está tecleando en su celular sin siquiera voltear a verme. Le quito el teléfono de sus manos, me mira muy enojada.
—¡Dame mi teléfono! —extiende la mano para que le dé su celular—. ¿Qué te piensas que eres,
para tratarme de esa manera? ¡Yo no soy ninguna de tus novias que se muere porque le hables o que quiera estar cerca de ti! ¡Dame mi teléfono si no quieres que...!
No la dejo terminar de hablar.
Me acerco muchísimo a su rostro y, aunque trae el casco, puedo ver sus hermosos ojos. Tengo que mirar hacia abajo porque, aunque está sentada en la moto, no llega a mi altura. La miro directo a los ojos. Ella no se siente siquiera intimidada ante mi presencia tan cercana. Al contrario, me reta con la mirada. Veo más de cerca sus hermosos ojos azules, trago saliva porque en realidad me ha dejado sin aliento. Ya no sé qué decir, es como si me hipnotizara con su mirada clara y brillante.
—¿Siempre eres así de... grosera?
—¡Solo con los tipos como tú!
—¿Perdón? ¿Los... tipos como yo? —le digo señalándome—. Y... ¿cómo son, los tipos como yo, según tú?
—Creídos, engreídos, que creen que el piso no los merece, que creen en su cabeza que todas las mujeres tenemos que rendirnos ante sus pies con solo chasquear los dedos. Pero... ¿qué crees, Estéfano? Yo no soy de esa clase de mujer que traes de adorno, que un día eres su novio y al otro solo su amigo, que se rinde a tus encantos solo por tu linda cara.
—Bueno... tan siquiera reconoces que tengo una linda cara —le digo con burla y una pequeña sonrisa—. Ya es algo, ¿no?
Estefy me empuja, se baja de la moto, se quita el casco que todo este tiempo traía puesto. Ya abajo es aún más pequeña para mi tamaño. Se acerca retadora a mí, extiende la mano y me grita:
—¡NO TE CREAS TANTO!... Dame mi celular, llamaré a un taxi para irme a mi casa. No sé qué pretendes, pero no voy a caer en tu sucia trampa. ¿Acaso no tienes novia? ¿Cuál de todas con las que te he visto lo es?... Mira, mira... no sé, ni me importa. ¡Dame mi celular!
—Ah, ya entendí... —le digo viéndola directo a los ojos—. Estás celosa... ¿quieres ser una de esas chicas? Pero tu altanería te ha cegado la visión y no quieres reconocerlo.
—¡Ja, ja, ja, qué bonito humor tienes y qué buenos chistes dices! Ya quisieras... por favor —me dice cruzando sus brazos. El viento le mueve su cabello, ella está temblando de frío, pero aun así está ahí parada frente a mí, retándome a cada movimiento...—. ¿Qué clase de mujer crees que soy?
—Tienes razón... no sé qué clase de mujer eres.
Le digo volteando la mirada, viendo a otro lado. Me agarro la cabeza con desesperación, porque por primera vez en la vida una mujer no hace nada por llamar mi atención. Me subo a la moto, volteo a mirarla, le doy su celular y le digo:
—Llama a tu taxi... —extiendo mi mano para dárselo y ella me lo arrebata de las manos—. Aquí esperaré hasta que llegue si es lo que quieres. No voy a obligarte a que te vayas conmigo. Ya tienes un concepto... muy erróneo de mi persona, así que no quiero que termines comprobando que en realidad sí soy lo peor que pueda cruzarse en tu camino —se lo digo con la mirada abajo,
porque recuerdo
todo lo que está pasando
y evidentemente
ella desconoce—. Solo... tengo una duda, Estefy.
Volteo a mirarla y ella está tecleando en el celular, ni siquiera voltea a mirarme.
—¿Por qué frente a Katy actúas como una chica sumisa y espantada? ¿Y ante mí eres grosera y altanera?
Deja de teclear y voltea a mirarme con el teléfono en sus manos.
—¿De qué hablas?
Me dice con duda, pone sus manos en la cintura, se me queda mirando con los ojos entrecerrados.
—Lo que escuchaste... frente a mi hermana te ves como una chica indefensa, sumisa; si yo estoy cerca de ti, eres altanera, estás a la defensiva...
—Será porque veo cómo te burlas de mí con tu novia la pelirroja y tus otros amigos.
Me dice un poco triste.
—Discúlpame por eso, por favor. Yo sé que ellos son unos...
—¿Imbéciles?
Dice terminando lo que yo iba a decir.
—Sí, son unos imbéciles... pero, créeme... yo nunca me burlé de ti... aunque ahora me surge otra duda, Estefy —la miro a los ojos, ella sigue con las manos en la cintura en plan defensivo—. ¿Por qué a la escuela vas vestida de esa manera?
—¡Qué te importa!
Me dice inmediatamente, no dándole importancia a lo que le estoy diciendo.
—Tienes razón... no me importa... ¿lograste pedir tu taxi?
Le digo señalando su celular.
—No... —responde con preocupación—. Aquí no hay señal o qué sé yo.
—Hagamos algo, te llevo a tu casa. Ya después me odias lo que quieras.
—Yo no te odio...
—Pues... parece que sí —le digo y me quedo mirando al frente para evitar su mirada—. Está haciendo mucho frío, ya sube, que te vas a enfermar. Olvida toda esta conversación y sube, no te voy a dejar aquí a medio camino sola, no soy un desgraciado.
Me mira como si no entendiera lo que le estoy diciendo. Le doy mi chaqueta para que se cubra del frío, rueda los ojos y la rechaza.
—No, gracias, estoy bien, de hecho me encanta el frío.
—Vamos, Estefy, por favor, no hagas esto más incómodo de lo que ya es.
Eres amiga de mi hermana,
ella siente aprecio por ti, me encargó que te llevara a casa, así que vamos, dejemos todo esto y sigamos nuestro camino. Solo quería que no tuvieras un accidente,
solo eso, no pelear contigo... por favor, sube —la miro a los ojos y parece que se está rindiendo—. Toma el casco,
es importante para ti.
Toma la chaqueta de mala gana junto con el casco, se los pone, sube a la moto y esta vez sí me agarra de la cintura... siento sus manos recorrer con temor mi cuerpo. Me llega un escalofrío por sentir sus manos en mi cuerpo, sonrío por mi pequeño triunfo, arranco la moto, voy a toda velocidad, que creo que a ella le da miedo porque me abraza con mucha fuerza. Siento su pequeño cuerpo detrás de mí, agarrándose fuerte a mi cuerpo...