Me encontraba en mi habitación cuando siento una cálida brisa mover mi cabello. Supe que era él al instante, pues las ventanas están cerradas desde la noche anterior. Me doy la vuelta para toparme con su imagen. Se encuentra erguido, mirándome directamente a los ojos. Una expresión arrepentida se ha apoderado de su rostro. Se quedó allí, inmóvil y sin decir una sola palabra. Yo me limito a quedarme parada frente a él, esperando a que diga algo, pues no se que más hacer. —Yo... —intenta decir pero me apresuro a negar con la cabeza, porque ante todo, debemos dejar las cosas claras. —Espera —lo interrumpo, —no me debes nada. En la mirada de Asmodeo se instala un pesar profundo, reflejo de su alma. —Yo te debo la vida —dice fuerte y con desición, pero con un matiz de tristeza escondido e

