GENEVIEVE Alrededor de un año después —Cuñada—, oí una voz detrás de mí. Me di la vuelta y miré a un par de ojos ámbar que me resultaban familiares y sonreí: —Preston, me alegro mucho de que hayas podido venir. —Dom volvería a odiarme si me perdiera la fiesta—, le brillaron los ojos antes de mirarme la barriga. —Vaya, vaya, mira qué grande estás ahora—, bromeó con una sonrisa burlona y yo le empujé juguetonamente el hombro. —Sabes que es de mala educación decirle a una embarazada que está grande, Preston Connor—, le reprendí con una sonrisa burlona. —Lo siento mucho, Genevieve. Perdóname—, sonrió sin vacilar mientras intentaba sonar correcto. —Eres imposible—, me reí entre dientes y luego intenté, sin éxito, agacharme y coger una botella de agua de una de las muchas neveras que ha

