GENEVIEVE
Aunque mi abuela me dejó todo lo que poseía y lo que quedaba en su cuenta de ahorros, y aunque dicha cantidad me bastaría para vivir durante un tiempo, sabía que necesitaba un trabajo y cuanto antes mejor.
Así que, después de haber vendido su vieja camioneta, salí a coger cajas y mucha más cinta adhesiva. Una vez terminadas esas tareas, decidí dirigirme a un centro de empleo de la ciudad y buscar en el tablón de anuncios posibles oportunidades de trabajo.
Cuando entré por la puerta doble, una mujer de piel aceitunada, pelo n***o y una bonita sonrisa me saludó desde detrás del mostrador.
—¡Hola! ¿En qué puedo ayudarle hoy?—, me preguntó con voz bastante alegre.
Me aclaré la garganta y miré a mi alrededor en busca del tablón de anuncios.
—Algunos acontecimientos recientes me han traído a Dallas y me encuentro en la necesidad de un trabajo, así que decidí venir aquí mientras estaba hoy en la ciudad.
Ella asintió y se movió un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Vale, genial. Sin duda estás en el lugar adecuado. ¿Qué tipo de trabajo estabas buscando?
—Um, realmente cualquier cosa, por el momento. ¿Qué tienes?—, respondí.
Llegados a este punto, realmente no importaba el trabajo que consiguiera. Mientras no fuera comida rápida y costara más de 10 dólares la hora.
—Bueno, estás de suerte porque alguien acaba de venir hoy y ha dejado estos folletos y creo que el trabajo podría encajarte. Aquí tienes—, me dio uno de los papeles.
Miré el logotipo de la empresa en la parte superior y me reí entre dientes:
—¿Blader Incorporated? Hace unos días escuché en la radio un programa sobre el jefe de esta empresa. Hablaba de que su hermano era modelo o algo así.
Ella también rio entre dientes:
—Qué coincidencia. Sí, Blader es una empresa bastante grande por aquí. Me sorprende que aún no hayan desaparecido todos los folletos. Yo llamaría a ese número en cuanto pudiera.
—Sí, lo haré. Gracias por tu ayuda—, sonrío y me doy la vuelta para salir.
—De nada. Que tengas un buen día y suerte.
—Tú también—, levanté la mano en un gesto de saludo mientras seguía mirando el periódico.
Era un puesto de asistente que ofrecía 15 dólares la hora con un mínimo de 50 horas semanales y ya estaba apuntando el número en mi teléfono.
El anuncio no indicaba de quién sería asistente, pero fuera quien fuera, estaba claro que la empresa se lo estaba currando y yo no podía esperar.
Esto también me dio una entrada en la empresa. Tal vez sería ayudante durante un tiempo y quizás volvería a la universidad para conseguir un trabajo en la empresa y no solo para alguien de la empresa.
—Gracias por llamar a Blader Incorporated. Soy Marie, ¿en qué puedo ayudarle?
—Hola, sí señora. Me llamo Genevieve Carson y me han dado su anuncio para un puesto de asistente. Estoy muy interesada y me preguntaba cuándo podría presentarme para una entrevista—, respondí, con los nervios a flor de piel.
Oí el chasquido de sus uñas contra el teclado y entonces contestó:
—No hay disponibilidad en la agenda hasta, no este próximo martes, sino el siguiente a las... ¿9 de la mañana? ¿Qué te parece?
Sentí que se me apretaban las tripas al ver que solo faltaban una semana y cuatro días para la entrevista, pero también estaba muy emocionada.
—Sí, suena fantástico—, afirmé mientras abría mi coche y subía.
—Fantástico. Déjame que te pida algunos datos y te dejaré seguir tu camino. Dime cómo se escribe tu nombre, por favor. Parece largo—, se rio entre dientes.
—Sí, no, está bien y es bastante largo. Mucha gente tiene problemas para pronunciarlo y escribirlo mal. Es G-E-...
*
Al día siguiente tenía una cita con un agente inmobiliario sobre la casa y también con el administrador de un edificio de apartamentos cercano.
Ya era hora de encontrar mi propio lugar y hacer de Dallas mi hogar por un tiempo.
Siguiendo el GPS, llegué al edificio unos minutos antes de la cita con el administrador, pero salí de todos modos y decidí echar un vistazo al interior.
Cuando entré, había una mujer con una falda lápiz negra y una blusa blanca con tacones beige sentada en uno de los sillones decorativos del vestíbulo.
Cuando me oyó entrar, se levantó:
—Hola, usted debe de ser la señorita Carson. Soy Maggie, la encargada del edificio.
Le tendí la mano:
—Por favor, llámeme Gen. Y siento haberla hecho esperar. Creía que iba a llegar antes que usted—, dije, riéndome.
Me estrechó la mano y sonrió:
—No, no pasa nada. Hoy he estado en el edificio hablando con el encargado de mantenimiento. ¿Estás lista para ir a ver la unidad?
Fue mi turno de sonreír.
—Definitivamente. Tengo que decir que las fotos que vi en Internet hacían que el apartamento pareciera muy bonito. ¿Y solo cuesta 800 dólares?
Empezó a caminar hacia el ascensor.
—Sí, y eso incluye el agua y la basura. Hay lavandería en el edificio y no sé si lo sabes, pero me temo que no se admiten mascotas.
—Está bien. De todas formas, no tengo—, dije mientras subíamos a la tercera planta.
Mientras paseábamos por el apartamento, me habló un poco del edificio. Que los vecinos solían ser muy tranquilos, que no solía haber altercados porque era un buen barrio, que había cámaras de seguridad para la seguridad de los residentes por si acaso y, obviamente, que estaba muy cerca del centro de Dallas por si yo trabajaba allí.
Me dijo que estaba disponible de inmediato, así que rellené una solicitud, pagué la tasa y dejé un depósito para que me guardara el apartamento, ya que realmente lo quería.
Solo tardó un día en ponerse en contacto conmigo para decirme que el apartamento era mío y que podía ir a recoger las llaves y empezar a mudarme.
*
Con el dinero que me había dejado mi abuela para la universidad, compré los muebles y el viernes ya estaba instalada. Lo único que me quedaba era comprar comida y seguir empaquetando la casa antes de que el agente inmobiliario la vendiera.
Ahora, la parte difícil... esperar la entrevista.