—Cuidadoso.— Phoenix se rió entre dientes. Resoplé y me enderecé, evitando mirarlo a la cara. —¿Qué estás haciendo afuera?— —Acabo de regresar de escoltar a Lyra y su equipo hasta las puertas—. Respondió haciéndome tararear en señal de desaprobación. —¿Por qué hueles a cena?— Gruñí y lancé mis brazos al aire. —Malditos instintos de lobo—. Me di vuelta para entrar pero él me agarró del brazo. Involuntariamente temblé ante el calor que me trajo su toque y recorrí con mis ojos su piel bronceada hasta su rostro. —Soy-— —Camina conmigo.— Habló en voz baja. —¿Qué-— —Confía en mí. Camina conmigo sólo por un minuto—. —Sólo quiero entrar y mirar-— —Por favor, Kilua.— Entrecerré los ojos ante su acto inocente, pero Cel estaba gimiendo en mi cabeza. Ella quería el tiempo de su pareja. —Bi

