—Alfa-— —Te dije que me llamaras Phoenix.— Suspiré suavemente, cerrando los ojos mientras su dulce voz invadía mi cerebro. —Ahora, ¿qué son estos?— Suavemente tomé su brazo de su costado para indicar de qué estaba hablando. Ella gritó y se puso de pie, sorprendida. Mantuve mis ojos enfocados en las heridas, siguiéndolas con mis ojos. Estaba enojada, muy enojada, pero no quería asustarla con lo enojada que podía llegar a estar. Mi loba era poderosa y tenía miedo de abrumarla. —Kilua...— respiré Ella gimió. —¿S-sí?— —¿OMS?— Susurré. Ella inclinó la cabeza. —Demasiados.— Gruñí y la solté, mi ira hirviendo. Esperaba que este no fuera el caso, que la gente no estuviera lastimando a mi pequeño compañero, pero, por desgracia, —demasiados— significaba que estaba equivocado. Levanté suaveme

