Mi loba se enfureció al pensar que su pareja estaba hablando por teléfono. Pero la empujé hacia abajo. —¿Qué pasa, Kilua?— Él sonrió y se acercó. Miré sus cálidos ojos color chocolate y arrugué la nariz. —B-Bueno... solo me estaba preguntando... ¿si puedo cambiar pronto?— Él frunció el ceño, vacilante en responder. —Una pregunta al azar, Kilua. ¿Qué la provocó?— Me encogí de hombros. —Bueno, no he cambiado en más de semanas. Y solo una vez en realidad... y he estado... luchando con el control de mi lobo. Ella me está haciendo f- Siento tanta tensión, que incluso hoy me despertó p-por eso. Él frunció aún más el ceño. —Eso ha pasado bastante tiempo. ¿Alfa no te ha dejado cambiar desde entonces?— Negué con la cabeza. —Siento que estoy perdiendo el control—. Él asintió, sumido en sus pe

