Mis piernas temblaban, mis pulmones ardían, mi respiración era pesada y errática. Pero aun así no me detuve. No me detendrá por nada en el mundo. Apenas podía ver, chocaba con árboles obstáculos que me hacen tambalear pero no caer, no les daría la ventaja. No me detengo. Los podía oír acercarse podía ver el reflejo de sus linternas, sus gritos y advertencias.
Me negaba a parar.
Lágrimas calientes rodaban por mis mejillas estaba asustada, aterrada de volver al encierro y sabía que si volvía mi tortura será peor.
Desde hace rato me quite el tapabocas y la bata pero no por eso me volví rayo veloz.
El camino tampoco era un campo de rosas las piedritas y ramas me lastimaban los pies, las ramas se enredaban en mi cabello y se enganchaban en mi ropa; oigo como mis captores se acercaban aún más. Y, sin previo aviso, me detengo abruptamente en el borde de un acantilado. Abajo podía escuchar una corriente de agua fuerte e indomable.
Jadeo por un poco de aire mientras la adrenalina aun corre frenética por mis venas.
Debo tomar una decisión.
Y, sin más, salto.
Mientras caigo, juro que escuche el grito angustiado de Sebastián o simplemente lo imagine.
Mi cuerpo golpea el agua como un peso muerto. Me hundo como una roca, trato de subir pero no puedo. Estoy tan cansada y tan aliviada de que, al menos, haya logrado mi cometido. Antes de poder entregarme a la oscuridad veo como varias mujeres vestidas de seda blanca con hilos de oro se me acercan, pero la oscuridad decidió tomarme antes de poder siquiera preguntarme quienes son ellas o si eran reales.
...
Shane
Miro con molestia la cabaña de mi tía, si bien, es una cabaña lujosa y todo pero eso no quitaba que estaba en medio de la nada. Mi ceño arrugado hace que la sonrisa de mi madre vacile pero igual la mantiene. Sé que cree que me está haciendo un favor ¡pero vamos! Pude haberme quedado con mis amigos quienes también tomaron el año sabático. Planeábamos viajar por el mundo antes de ir a la universidad. Pero mamá pensó que mantenernos a mi hermano y a mí lejos del asunto de su divorcio con papá nos estaba protegiendo.
Quiere ocultar el sol con un dedo, lo cual me parece tonto.
–Cambia esa cara, cariño –dice mamá mientras me toma del hombro –. Sé que debe difícil para ustedes pero… Pronto mejorara, lo prometo.
La miro sin expresión alguna. La verdad no me importaba si se divorcian o siguen juntos, lo único que me preocupa es mi hermano y mi viaje, y sí, puede que suene egoísta y egocéntrico pero es así como me siento. Además; por una parte me alegra de que mamá por fin decidiera separarse. Desde hace algún tiempo mis padres dejaron de sentir amor y respeto el uno por el otro. Más sin embargo, eso no le daba la excusa a mamá de enviarnos al medio de la nada para “protegernos”, pude haberme ido de igual forma pero no quería angustiarla más.
Así, con el peso de mi alma, pospuse mi viaje con mis amigos diciéndoles que los alcanzaría pronto; al menos espero poder disfrutar un poco mi año sabático.
–Sabes que no es difícil para mí –digo porque es cierto, sus dedos se aferran a mi hombro y su mirada no parece muy convencida pero asiente –, lo es para Michael –prosigo –. Más bien, estoy tranquilo de que hayas tomado esta decisión. Después de todo quiero que tú y papá tomen caminos separados si con eso vuelven a tenerse algo de respeto.
–Nunca quise que esto terminara así.
Los ojos de mi madre se cristalizaron. Suavice mis facciones sonriendo con la esperanza de poder tranquilizarla. No me gusta ver a mi madre llorar, j***r, no me gusta ver a ninguna mujer llorar; me hace sentir impotente ver como las lágrimas caen y sin tener la menor idea de cómo pararlas, nunca se me dio bien el consolar a alguien. Puedo ser empático pero nunca he sabido consolar a las personas, soy un fiasco en eso.
–Mamá –empecé, inseguro –, creo que… me gustara aquí, después de todo, no será para todo el año sabático y el aire fresco nos hará bien. Solo… solo no llores.
–Oh, qué bueno que lo pienses así, cariño –seca sus lágrimas con el dorso de su mano, una sonrisa triunfante se posa en sus rostro y el aire melancólico había desaparecido. Quede atónito –. ¿Lo ves? No será tan malo, así pensaras mejor las cosas, con calma y te aseguraras de que tu hermano no piense mucho en el divorcio –Frunce el ceño. Sonríe con falsa inocencia –. ¿Pasa algo, cariño? Te quedaste sin habla.
Y lo pregunta. Hasta hace unos minutos tenía los ojos aguarapados y la voz quejumbrosa, digna de una escena de película; ahora actúa como si nada hubiera pasado. Por un lado, estoy molesto por haber sido estafado por mi propia madre pero por otra parte, me enorgullece el hecho de ver donde saque el arte del engaño; ya que mi padre es un libro abierto a diferencia de mi madre.
–No hagas eso de nuevo –digo con poca convicción –. Si sigues así no volveré a creerte una sola palabra.
Ella solo besa mi mejilla, como si con eso fuera a olvidar su vil engaño.
Nos encaminamos a la cabaña de mi tía quien es la hermana menor de mi madre. Mi tía Agatha era como una especie de naturalista o jipié. Enviudó hace como dos años y vivía aquí sola con su única hija, mi prima Macaria, cuyo nombre significa “bienaventurada” o algo así. La verdad es que mi tía es un poco extraña.
La tía Agatha nos recibió con besos y abrazos, mi prima por un lado nos saluda con un gesto de manos.
– ¡Me alegra tanto que estén aquí! ¡Ha pasado años! –Mi tía desbordaba felicidad –. Macaria, cariño, ¿podrías enseñarle a tus primos y tía sus habitaciones?
–Lo siento, Agatha, pero no voy a quedarme –se disculpa mi madre, apenada –. Solo vine a dejar a los muchachos.
–Pero… ¿Por qué? Es por… –nos mira a mí y a mi hermano, seguro recordando el divorcio de nuestros padres. Su voz vacila –. Oh, no te preocupes. Estarán bien cuidados, se divertirán aquí, ya lo verás. Este lugar es una belleza –mira a su hija con urgencia –. Macaria, lleva a tus primos a sus habitaciones. Tengo que ponerme al día con tu tía.
Mi prima capta el mensaje y nos muestra la cabaña.
–Bueno. Por lo que pueden ver la cabaña tuvo ciertos arreglos, la remodelaron con el fin de hacerla más cómoda y sustentable –se detiene en una puerta –. Esta es tu habitación, Michael, espero que sea de tu agrado
Mi hermano no dice nada, solo entra y cierra la puerta.
Suelto un suspiro, creo que el divorcio si lo está afectando más de lo que creí. Ha estado callado desde el viaje y se ha negado a decir una palabra.
Macaria se remueve, incómoda.
–Ah, ok. Sigamos.
Noto la incomodidad de mi prima, de seguro no sabe cómo actuar en esta situación. También note como Macaria había cambiado, ya no tiene frenillos y su cabello ya no parece un tornado, aún sigue usando anteojos y también creció un par de centímetros extra. Tiene el tamaño de una porrista. Nos detenemos en otra puerta, veo como mi prima me mira nerviosa, teme a que entre y le cierre la puerta en la cara como Michael.
–Está es tu habitación, espero que te guste –dice, pero advierto que no me mira a la cara.
–Gracias, tornado.
No la llamo así desde que éramos niños. Suelto una sonrisa ladina al ver el enfado de mí prima quien, me mira con sus ojos marrones centellantes.
–No me llames así, mi cabello ya es más manejable –se defendió.
–Ya lo veo –señale –, pero aun así sigues siendo un tornado. Gracias por la habitación, primita.
Entre antes de que pueda replicar.
La habitación no está nada mal. Es espaciosa con una baño, un ropero, una cama estilo King, televisión pantalla plana y una hermosa vista del bosque digno de una película. Si no fuera por mis planes de ir con mis amigos de viaje por el mundo estar aquí no sería tan malo, pero bueno, qué más da.
Solo estaré aquí por dos meses. Me asegurare de que mi hermano asimile el divorcio de la mejor manera y listo; me voy con mis amigos. Aunque es más fácil decirlo que hacerlo. Remuevo mi cabello, espero que al menos pueda distraer a Michael en este lugar.
Aunque, pensándolo bien, este lugar se ve muy aburrido.
¿Es hermoso? Sin duda.
Pero, ¿podré encontrar algo para distraer a mi hermano? No lo sé.
Mientras mil y un pensamientos van y viene en mi cabeza me acuesto en la cama, con los brazos tras la cabeza, la vista en el techo a la nada. La falta de ruido de autos hace que sienta una calma que nunca experimente en la ciudad, demasiado silencio, demasiada tranquilidad. Quizás mamá nos quiso enviar aquí para eso; para tener calma, tranquilidad y sobre todo ahorrarnos el malestar del tumultuoso divorcio que está llevando a cabo.
Aprieto los labios de solo recordarlo. Por suerte, procuraban no pelear frente a nosotros (cosas que agradezco) pero la tensión entre ellos siempre fue palpable, casi podías tocarla o cortarla con un cuchillo. Suspiró, apartando los pensamientos de culpa, tristeza y lástima que quieren embargarme; no debería sentir esto si su divorcio no es culpa de ninguno de nosotros. Y, sin embargo, ¿Por qué siento que es así? ¿Qué si tengo parte de la responsabilidad?
Arrugo la nariz en una mueca, inconforme.
No debo ni debería sentir culpa por situaciones de las que simplemente no tengo control alguno.