Marinette Nunca me había parado a pensar en la gran inmensidad del bosque. Creía haberlo visto todo, o al menos la mayoría de él, pero estaba claro que no tenía idea de nada. Habíamos recorriendo varios kilómetros, cada rincón de aquel inhóspito bosque, debajo de cada piedra y detrás de cada árbol. Llevábamos todo el día a lomos de los caballos y sin ningún rastro de él. Parecía que la tierra de lo había tragado. —Es inútil—aseguró Nino.—Todo esto ya lo recorrimos ayer con el resto de hombres y no lo vimos por ningún lado. —Ya ni siquiera se ve. Deberíamos volver—dijo Nathaniel mirando al cielo.—Si ha huido, está claro que ya está muy lejos del bosque. —¡No!—interrumpí, agarrando con fuerza las riendas del caballo.—El bosque es muy grande, puede que nos hayamos dejado alg

