Marinette Mis pies se clavaron en el suelo. Era incapaz de moverme del sitio y mis ojos estaban paralizados mirando aterrorizados las siluetas de esas tres personas que se acercaban a mí. Todo era como una pesadilla, era el vivo recuerdo de lo que ocurrió aquel horrible día. La misma oscuridad, el mismo horror y la misma sensación de sentirte completamente atrapada. —No...—supliqué viendo como esos tres hombres estaba apenas un centímetro de distancia.—Por favor... No me hagáis daño. —¿Quién ha dicho nada de hacerte daño, preciosa?—dijo uno de ellos acariciándome el pelo y besando y mejilla con cierta ironía—Al contrario, te vamos a cuidar muy bien entre los tres ¿verdad que sí? Los otros dos se miraron entre ellos y me agarraron de los brazos para atraerme a ellos también

