Apago el auto y bajo, desplazándome rápido hacia el lado del acompañante para abrirle a mi amore. En cuanto está abajo, agarro lo que compramos y noto que la puerta de la cajuela no puede abrirse, así que la mochila y la billetera están encerradas dentro. Maldición... Con eso arruinado, me acerco al hombre que viene hacia nosotros con una sonrisa, que no es otro que mi antiguo compañero de universidad, Orfeo, el cual tiene su típica sonrisa en el rostro, cosa que es extremadamente raro que desaparezca. -Massimo, fratello, qué gusto verte, a ti y a tu prometida. Dichosos los ojos que te ven, cara Francesca. -El gusto es mío, Orfeo y lo siento, pero por un accidente, Francesca sufre de amnesia selectiva y no recuerda la mayoría de los últimos diez años. -Oh, lo siento mucho, ¿estás bien?

