Con el voltaje en cien, acerco las pinzas de los cables a la llorosa mujer, pero justo antes de que la toque, uno de mis hombres irrumpe en la habitación interrumpiéndome. -¡Señor, acaban de atacar la casa de la Señorita Francesca! -¡¿Qué?! Eso me pone en alerta y el protector en mí toma el control, apagando el aparato en lo que dura un latido de corazón y casi teletransportándome hacia donde está el mensajero, agarrándolo de las solapas del saco atrayéndolo hacia mí. -¿Qué fue lo que dijiste? ¿Cómo que atacaron a mi prometida? ¡¿Dónde estaban los tenían que protegerlos?! -Intervinieron y se hicieron cargo: mataron a todos excepto a uno que parecía estar al mando y se encargaron de que la señorita y sus familiares estuvieran a salvo. -¿Les dijeron por qué pasó? ¿Sospechan algo? ¿L

