-Tranquila, no tienes de qué preocuparte, puedo arreglar el tema por mi mí mismo. No es nada que no pueda manejar y tú no necesitas llenar tu cabecita con temas de la empresa. Te lo dije, me haré cargo de todo, tú solo recupérate, que cuando estés bien, entonces ahí podrás volver y retomar el puesto que tanto te gusta. -¿Me gusta? -Así es, siempre me dices que amas tu trabajo, sobre todo porque podemos compartir las horas en la oficina. Nuestros escritorios están en el mismo lugar, en el último piso de la torre; adoras mirar la vista de la ciudad que nos da el ventanal cuando estás bloqueada o muy saturada. Sueles decir que es como un sedante para tu mente. -Pues ese supongo que tendrá que ser el siguiente lugar que tendré que visitar. -Sí, puede ser, pero un paso a la vez, ¿sí? -T

